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Reportaje:

Sin caridad para la enfermedad

Una menor con espina bífida sale por la puerta de atrás del colegio La Milagrosa de Almería

Para un menor de siete años un cambio obligado de centro educativo no es plato de buen gusto. Supone modificar unos hábitos a los que hay que adaptarse: distintos profesores, amigos, aula y actividades. Para A. M., el trago es mayor. Enferma de espina bífida le han dicho ahora, cuatro años después de su escolarización, que se ha convertido en un problema para su colegio, La Milagrosa, un centro concertado que gestionan las Hijas de la Caridad.

"Caridad han demostrado tener bien poca", resalta su madre, Puri Duarte. En marzo recibió una llamada del Servicio de Planificación de la Delegación Provincial de Educación de la Junta indicándole que para el curso escolar 2011-2012 a su hija la trasladaban de centro. Sin más. El colegio había solicitado un monitor escolar de Educación Especial que se ocupara de A. M., pero la Delegación Provincial no lo ha puesto a su disposición, sin ofrecer justificación y sin haber observado en ninguno de los años anteriores que existía esta necesidad. Nadie se lo había indicado, tampoco.

El centro tiene concierto con la Junta y lo gestionan religiosas

El colegio arguye que los problemas fisiológicos de la menor son diarios

La familia se pregunta por qué ahora. La discapacidad física de la alumna no es una novedad. Desde que entró en el centro, con informes favorables de la Delegación de Educación y del centro educativo, necesita ayuda para superar las barreras arquitectónicas del colegio y, también, tiene que ser sondada. A lo primero le han estado ayudando durante cuatro años tanto su hermano como las profesoras. Para lo segundo, la familia, consiguió que la Delegación Provincial de Salud dispusiera un enfermero para sondar a A. M. El auxiliar acude a mediodía al centro, pero la menor "en ocasiones" necesita más sonda. "Todo hasta que aprenda, dentro de poco", puntualiza su padre, Adrián Martínez.

Sin embargo, desde el colegio aseguran que los problemas fisiológicos se producen "a diario". "Necesita mucha ayuda y nosotros no podemos estar solo en eso", argumenta la directora, la hermana Ana María. Por este motivo, solicitaron a Educación un aula de Educación Especial. "Teníamos mucha esperanza en que nos lo concedieran", asegura. Pese a que la Administración se lo ha denegado, insinúa que el centro podría seguir acogiendo a la alumna, cuestión que desde la familia desmienten en rotundo. "Se han querido deshacer de ella", culpa la madre, y menciona como hecho casual que su otro hijo se marche este curso de La Milagrosa para estudiar Secundaria en un instituto. "Mientras que mi hijo ha estado estudiando en el colegio, han aguantado. Ahora que se marcha, han visto el cielo abierto para echar a mi hija", resume Puri Duarte.

Para la directora molestia no es una palabra que defina lo que sienten por la menor. Traslada que, en alguna ocasión, los docentes "se han quejado de la espalda" después de ayudar a subir a la menor el escalón de entrada al colegio, obstáculo que no se ha eliminado pese a que el centro ha sido sometido a una reforma integral hace poco más de un año. "Luego dicen que quieren a mi hija y que piensan en ella", ironiza el padre. "No queremos polémicas ni hemos querido entrar en más. Lo que pretendemos es que no le vuelva a ocurrir a nadie lo mismo", añade.

Por este motivo no han querido trasladar su malestar hasta que el curso está prácticamente acabado. "Ya no nos inspiran confianza", confiesa Adrián Martínez e insiste en que "si se hubiera tratado de un problema para el centro no nos hubieran dejado matricularla desde el primer momento". Ahora A. M. tiene que irse al colegio Luis Siret. "Allí hay más niños con discapacidad", certifica el padre. Desde la Delegación de Educación se desvinculan de la situación. "Los servicios educativos han prestado en todo momento a la familia de la alumna asesoramiento especializado", responden a través de un comunicado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de junio de 2011