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Reportaje:Empresas & sectores

Todas a 6 céntimos el minuto*

Las grandes del móvil afrontan la competencia con tarifas 'low cost'

Tienen más clientes que población. Y son, con mucho, los que más reclamaciones acumulan de los consumidores. Sus planes de tarifas resultan a veces ininteligibles y la letra pequeña de sus contratos esconde trampas. Pero hay algo que no se le puede negar a las operadoras de telefonía móvil: la feroz competencia. Para tener una idea de esa rivalidad basta tener en cuenta que cada mes una media de 400.000 abonados cambian de compañía aprovechando el mecanismo de la portabilidad que les permite llevarse el número de forma gratuita. Un dato inaudito en otros sectores como el eléctrico, que, a pesar de estar en teoría liberalizado, funciona en la práctica como un oligopolio. Apenas unos miles de clientes se han atrevido a cambiar de compañía. Y muchos de los que lo han hecho pagan más que antes y retornan a su eléctrica original.

Los clientes prefieren mejores tarifas a tener barato el iPhone

En la telefonía móvil la competencia funciona más eficazmente que en otros sectores porque hace años que el regulador -la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT)- forzó la introducción de un cuarto competidor (Yoigo) y de los operadores móviles virtuales (OMV), compañías que alquilan la red a las grandes y apenas tienen costes de funcionamiento. Son más de 46, aunque las activas apenas superan la veintena. Su negocio es revender minutos de tráfico a sus abonados con un estrechísimo margen. Y para arrebatar clientes no tienen más remedio que tirar los precios. Al principio tenían tan pocos que las tres grandes (Movistar,

Vodafone y Orange) ni se preocuparon en atenderlos. Les bastaba con cobrarles por el uso de su red.

Pero el enano ha crecido rápido y se ha convertido en una amenaza para Goliat. Actualmente tienen ya casi tres millones de clientes, y han duplicado el número de los mismos en poco más de un año. La fuga de clientes es tan alarmante -solo Movistar y Vodafone perdieron 800.000 abonados el año pasado en términos netos- que los grandes han decidido contraatacar. El conflicto se podría llamar "la guerra de los seis céntimos", porque el principal reclamo de todas las tarifas es el de llamadas a seis céntimos el minuto.

Las hostilidades las abrió Movistar el pasado día 2. Pocos días después se sumó Orange. Y completó la baraja Vodafone, que plagió literalmente la de Telefónica. Y todos con el mismo mensaje: llamadas low cost a seis céntimos el minuto. En realidad, en ese leivmotiv hay mucho asterisco que aclarar, como sugiere el titular de este artículo. El más importante es que ninguna llamada cuesta menos de 17,7 céntimos porque hay que sumar los 15 céntimos del establecimiento de llamada y el IVA. Luego hay que precisar que la oferta de SMS no es muy favorable si se compara con otros planes tradicionales (15 céntimos en el caso de Movistar y Vodafone y a partir de seis céntimos para el resto). La cuota de alta o el consumo mínimo también hay que tenerlos en cuenta. Y, sobre todo, hay que valorar que la voz está perdiendo peso en la factura del móvil en detrimento de los datos que permiten conectarse a Internet. Una tarifa plana de voz y datos puede ser mucho más conveniente que reducir el precio de las llamadas.

"No hay una guerra real. Es simplemente una táctica para parecer que también ellas son low cost. Esas tarifas tienen mucha letra pequeña y han reinventado la cuota mensual que había desaparecido. Pero incluso con truco, empresas como MasMóvil sigue siendo más barata, un 50% más, porque esas tarifas son nuestra razón de ser. Tenemos cien veces menos costes que Telefónica porque no patrocinamos famosos, solo patrocinamos a nuestros clientes. Si Movistar ofreciera nuestras tarifas estaría en bancarrota", señala Meinrad Spenger, consejero delegado de la firma que ha logrado 120.000 clientes.

Fernando Reymundo, consejero delegado de Simyo, la compañía que tiene más de 400.000 clientes, explica el fenómeno por el hartazgo de los abonados ante abusos como los planes de retención. "Están hartos de que les retengan 18 o 24 meses a cambio de tener el último iPhone o Samsung que, en realidad, están pagando a precio de oro obligados por los consumos mínimos mensuales. Los operadores están subvencionando a Apple en lugar de reducir tarifas a sus clientes. Y estos se pasan a compañías como Simyo, que somos los que de verdad hemos permitido que los precios caigan".

Desde el otro lado de la trinchera, Carlos Vecino, director de marketing de Vodafone, estima que no se puede hacer un discurso reduccionista en torno a precios por minuto, porque para los clientes que utilicen el móvil con frecuencia y sean usuarios de Internet móvil, las tarifas planas que integran uso de voz y datos son una mejor opción que las tarifas en las que se paga según consumo. "De hecho, los precios reales por minuto de voz son inferiores en las tarifas planas que en aquellas orientadas solo a un precio por minuto de voz reducido".

No obstante, Vecino reconoce que Vodafone está respondiendo a la demanda de muchos clientes que prefieren que les bajen las tarifas a cambio de renunciar a los descuentos para adquirir o renovar el terminal móvil.

Carlos Guri, director de marketing de Orange, mantiene una opinión similar. "Aunque Orange tiene el precio por minuto más barato entre los grandes operadores, las tarifas no lo son todo: una buena red de tiendas, atención al cliente cercana y eficaz, programas de puntos para renovar el móvil, entre otros, son fundamentales en la decisión del cliente y es nuestro cliente".

Desde Movistar, se indica que se tiende a resaltar la labor de los OMV, cuando son los operadores de red los que hacen los verdaderos esfuerzos por competir en precios y bajar márgenes a pesar de que sus inversiones en infraestructuras y sus gastos de personal son infinitamente mayores. Solo entre Movistar, Vodafone y Orange invirtieron en España casi 1.700 millones de euros y emplean a 12.000 profesionales.

El móvil es uno de los pocos sectores deflacionistas. En 2010 los precios cayeron un 7% y desde 2001 se han reducido a la mitad. Si las petroleras siguieran su ejemplo, el litro de gasolina costaría 50 céntimos por litro. Y los bancos no subirían las comisiones año tras año. Por el momento, solo bajan las llamadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de junio de 2011