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Crítica:

Teatro para hoy

Pocas sensaciones cabía esperar ya de una obra dramática interpretada y estudiada por delante y por detrás como la de Bertolt Brecht. Hasta la última línea del mayor innovador de los escenarios del siglo XX está publicada y absorbida por sus adeptos, los exegetas del escenario y los guardianes del grial académicos. Y, por descontado, también las obras que quedaron inacabadas -las del presente volumen- ya fueron puestas en escena. De hecho, el legado del incansable, prodigiosamente creativo Brecht, desempeñó un papel vital en la vida teatral alemana después de la prematura muerte del autor en 1956, especialmente en la RDA. Sin embargo, las piezas no terminadas sólo estaban al alcance de los especialistas. Y haberlos reunido en una edición legible, seleccionando las versiones, añadiendo tres ejercicios prácticos para actores, traduciéndolo todo con conocimiento y soltura (excelente trabajo de Miguel Sáenz), sí constituye una pequeña sensación. Pues en algunos de estos fragmentos se condensa el mejor Brecht. De todos modos, hablar de obra inacabada en su caso es relativo, dado que Brecht solía experimentar con el efecto de su "teatro épico" sobre el público hasta conseguir la adaptación que mejor se acoplaba a sus fines didácticos (de Galileo Galilei existen tres versiones). De este método de trabajo, los fragmentos son los testimonios más elocuentes. Para Caída del egoísta Johann Fatzer, Brecht llegó a reunir medio millar de páginas de apuntes escénicos y valiosos comentarios. Los volvió a retomar siempre de nuevo hasta el final de su vida, y si bien lo abandonó finalmente, para Heiner Müller era "lo mejor que se escribió en este siglo para el escenario". Incluso Brecht consideraba que en el Fatzer había alcanzado su más alto nivel técnico, y lo llamaba "un hueso duro de roer". Esto en la presente edición pasa algo desapercibido, ya que de la historia de los cuatro desertores de la Primera Guerra Mundial que esperan que la revolución dé la vuelta a la tortilla social no hay más de veinte páginas. En cambio, el fragmento de La panadería, un trabajo previo para la Santa Juana de los mataderos, despliega toda la fascinación escénica de Brecht. Aunque sólo leemos el esqueleto dramático y algunas canciones que explayan la historia de la viuda Queck y sus siete hijos que el panadero oportunista echa a la calle cuando ya no puede pagar el alquiler, se impone enseguida su frescura y fuerza escénica. Lo mismo vale para La vida verdadera de Jakob Geherda, el fragmento sobre el camarero que sueña con ser bueno, pero que se muestra cobarde a la hora de actuar; una pieza ideal para empezar a leer o hacer teatro. Hasta unos fragmentos tan cortos como Danza macabra de Salzburgo y Vida de Confucio dejan atrás con su tensión dramática y contundente sencillez buena parte del más elaborado teatro actual. En media docena de páginas desarrolla cada uno pasajes ejemplares -en diálogos deslenguados entre la muerte, unos trabajadores y el emperador, el uno; y en varias escenas de la infancia del sabio chino, el otro- impartiendo una magnífica lección de economía de medios teatrales. Brecht aísla la problemática social en el destino de sus personajes y enseña al espectador-lector cómo la encerrona capitalista le llevó hasta allí. En realidad, el suyo es un teatro para activistas políticos, y por eso hoy más necesario que nunca.

Obra inacabada

Bertolt Brecht

Traducción de Miguel Sáenz. La uÑa RoTa

Segovia, 2011. 230 páginas. 16 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de junio de 2011

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