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Reportaje:

El corazón de la zanfoña

El músico Germán Díaz crea un espectáculo a partir de latidos registrados en 1933

El estudio de Germán Díaz en Cospeito parece más el taller del excéntrico personaje de cómic Profesor Franz de Copenhague que el de un músico e investigador. En medio de su gran colección de instrumentos de cuerda y de sus zanfoñas, se pueden detectar multitud de extraños instrumentos, desconocidos para un profano de la música, pero muy familiares para este músico vallisoletano, que vive en Galicia desde hace casi una década.

La mayor parte de esta "cacharrería", como él la llama, son artefactos originales con nombres casi impronunciables como la rollmónica cromática o el playasax. "Soy un forofo de la cacharrería. Antes había un montón de juguetes musicales pensando en los niños que eran fascinantes", explica Díaz, que incluso tiene un vídeo colgado en su página web, donde va contando cómo se tocan estos singulares instrumentos. En su constante búsqueda de instrumentos extraños, de músicas nuevas y de investigar con la improvisación, Díaz tuvo noticias de una grabación desconocida que lo fascinó: el denominado Método cardiofónico patentado por el doctor Miguel Iriarte.

"Me pareció de gran intuición poética grabar los pálpitos en vinilo", dice Díaz

Los cortes del disco tienen nombres poco usuales como 'Insuficiencia aórtica'

Este prestigioso cardiólogo vasco tuvo en los años 30 del pasado siglo una iniciativa sin precedentes en esa época en España y, por lo que se conoce, posiblemente en el mundo. Decidió registrar los latidos de los pacientes con cardiopatías, para mostrar de esta forma a sus alumnos cómo el sonido de cada corazón era diferente según su disfunción. Los cortes del vinilo editado por el doctor Iriarte poseen títulos que no son los más comunes entre las canciones de un disco: tienen nombres como Lesiones valvulares simples o Insuficiencia aórtica.

Este material llegó a Germán Díaz a través de un amigo de su padre, que ejerce como médico en Valladolid, ciudad en la que también trabajó el doctor Iriarte. "Me pareció algo insólito y de una intuición poética fascinante tener los latidos del corazón grabados en vinilo, y desde el principio vi claro que había una buena base rítmica", explica Díaz, que a partir de este registro ha diseñado un espectáculo que cuenta con una original puesta en escena. Todo parte de un gramófono que reproduce los latidos del corazón que toma como base, y aplica simultáneamente un curioso mecanismo de cartones perforados que generan notas musicales.

"Enlacé esta base de los latidos con algunos de mis instrumentos mecánicos, un instrumento medieval como la zanfoña y un ordenador, y estoy muy satisfecho del sonido obtenido", comenta este músico que ha participado en numerosos proyectos, la mayoría con la zanfoña como parte central. El resultado de esta puesta en escena entre la magia, la performance dadaísta y las artes escénicas es sorprendente: unas veces suena a música pop, otras a jazz, y a veces a música de raíz.

"Voy grabando todo en directo, con las aplicaciones de un ordenador y unas pedaleras, y voy improvisando por encima. Parece complicado pero es muy fácil" resume el artista vallisoletano sobre su particular reinterpretación del Método cardiofónico de Iriarte. "Acabas asistiendo en directo a ese proceso mágico donde ves un cartón con agujeros, que al pasar el aire provoca música", comenta con entusiasmo Germán Díaz, que tanto charla sobre el uso de instrumentos inusuales como la caja de música o el órgano de Barbaria, como de la evolución de la reproducción fonográfica.

Porque Germán Díaz (Valladolid, 1975), no es un recién llegado ni un moderno con ínfulas de subirse al carro cool de lo más vanguardista. Su discurso es el de un investigador apasionado, y un músico de curiosidad insaciable que exprime increíbles notas musicales a cacharros aparentemente inservibles. Sobrino de Joaquín Díaz, una de las grandes eminencias en etnografía musical, Germán Díaz tampoco se desvía de la línea de investigación en la música tradicional. Recientemente acaba de musicar con su compañero Pedro Bravo el histórico cancionero gallego de Jesús Bal y Gay.

Dentro de unos días, el sábado 4 de junio, Díaz actuará en el II Festival Vibracional, en la Cidade da Cultura, en una cita a ciegas con el músico sardo Paolo Angeli, que toca una espectacular guitarra de Cerdeña de 18 cuerdas, preparada con motores y pedales. Díaz llevará su zanfoña y juntos se retarán en un mano a mano de improvisación libre.

Esta vez no contempla mostrar el Método cardiofónico del doctor Iriarte, que guardará en Cospeito hasta una mejor ocasión mientras cuida de sus gallinas, a las que también le inculca su pasión por la música: "Les pongo todo el día Radio Clásica, y después sacan unos huevos excelentes. Está comprobado". Y eso que las gallinas todavía no han experimentado el Método cardiofónico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de mayo de 2011