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Necrológica:

Domènec Font, un combativo estudioso del cine

Escribió una obra fundamental sobre la censura franquista

Domènec Font (Ponts, Lleida, 1950) entendió el cine como una pieza del combate cultural. Irónico y risueño, ni el fatal diagnóstico de la enfermedad -el cáncer de pulmón del que supo en 2008 y que acabó ayer con su vida- lo venció. Mantuvo la dirección de la Mostra Internacional de Cine Europeo Contemporáneo (MICEC) de Barcelona hasta 2009. Ha dejado prácticamente terminado un libro, sobre el cine y el cuerpo. Un libro que, según explican quienes lo conocen, es una reflexión, también, sobre la enfermedad. Para poder escribirlo -ha dejado unas 500 páginas- mantuvo un enorme forcejeo con el cáncer que padecía.

Hombre de izquierdas, políticamente incorrecto, su pasión por la gran pantalla no le hizo renegar de la televisión; al contrario, colaboró en ella. Fue el responsable de Memoria fértil, una serie emitida por TVE entre 1984 y 1990 que recogía la trayectoria de personajes de la cultura como Max Aub, Buñuel, Luis Cernuda, Josep Pla, y lo hacía como aquel personaje de La habitación verde de Truffaut, dedicado a custodiar la imagen de los difuntos. Font hablaba del "grito mudo de los muertos". Fue el guionista de la serie inspirada en Pepe Carvalho, el personaje de Manuel Vázquez Montalbán. También fue guionista y director del capítulo Assaig general dentro de la serie Cròniques de la veritat oculta para TV-3 (1996).

Catedrático de Teoría e Historia del Cine, en el ámbito académico desplegó su tarea básicamente en la Universidad Pompeu Fabra. Como estudioso del cine, su primer gran trabajo, en colaboración con Román Gubern, fue la obra Un cine para el cadalso (1974), un estudio de la censura franquista que tuvo su continuidad en Del azul al verde: el cine español bajo el franquismo (1976). A la hora de plantear un análisis recurría tanto a las herramientas de la semiótica como a los datos socioeconómicos, pero nunca rechazaba factores tan intangibles como la emoción. Antonioni y el cine europeo son algunos temas de su bibliografía. Quizá hoy, en este triste día, valga la pena destacar La última mirada, un repaso a los testamentos fílmicos de cineastas como Bergman, Huston, Truffaut, Welles... a los que rescataba de la ignominia de la amnesia, según sus propias palabras. Amaba el cine, pero no sucumbía a fascinaciones prefabricadas y era crítico con los caprichos del cinéfilo. Si regresaba a estas obras no era para levantar un monumento funerario, sino para rastrear huellas de nuestra contemporaneidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de mayo de 2011