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Reportaje:Diseño

Unas manos de carpintero y un alma zen

El creador alemán Konstantin Grcic protagoniza el festival Trendwatching

"Los diseñadores no debemos tener la pretensión de cambiar el mundo, tan solo podemos hacer pequeñas contribuciones y mejoras. No se trata de inventar piezas espectaculares, el diseño responde a unas dinámicas de proceso y evolución. Por supuesto hay aspectos innovadores, pero normalmente son muy sutiles". Lo afirma el alemán Konstantin Grcic (Mónaco, 1965), una de las estrellas más brillantes en el firmamento del diseño internacional, que le reconoció su papel protagonista nombrándole Mejor Diseñador del Año en la prestigiosa feria Design Miami.

Grcic celebró el galardón con una instalación, Netscape, formada por una red de asientos basculantes suspendidos, que constituyen una combinación evolucionada de la tradicional hamaca mexicana y la silla One, uno de sus diseños más emblemáticos. "Uno de los grandes peligros de la globalización es la pérdida de identidad. Los objetos pierden sus connotaciones, así como las personas adoptamos identidades impuestas e intercambiables. El diseño puede contribuir a crear una idea de identidad, puede añadir emoción a las cosas y dar vida a los materiales. También la belleza es una función", asegura. Su necesidad de profundizar se refleja a veces en productos con diferencias mínimas y también en la tendencia a trabajar con las mismas empresas. Entre estas se encuentra la barcelonesa BD, por la que ha creado la mesa B en roble, acero o piedra artificial y la silla B, en sólida madera, pero plegable para poder ocultar bajo el asiento la extravagancia de una multitud de colores.

Sus diseños parten del análisis del cuerpo en reposo y en movimiento

Elegante y atractivo, completamente vestido de negro, Grcic refleja en sus palabras y gestos el mismo rigor, ética, sencillez y minimalismo de sus formas, y aun así su presencia en el Trendwatching Festival de Capri despertó entusiasmos y pasiones más propias de una estrella del rock. Sin embargo, la consciencia de ser uno de los máximos protagonistas del diseño internacional no se ha convertido en regocijo, arrogancia o lejanía. "El éxito es como un puzle, hecho de constante aprendizaje y conocimiento de las propias habilidades y limitaciones", indica.

Abanderado de una concepción casi artesanal del diseño, que le viene de su formación como carpintero, Grcic identifica como tendencia destacada, en esta fase de crisis, una nueva atención a la calidad en todos los aspectos de la creación de un producto: desde la idea, pasando por los materiales y la producción, hasta el packaging y la campaña publicitaria. "Durante muchos años no hablamos nunca de calidad. Luchábamos por un diseño popular y democrático. Intentábamos reducir al máximo los costes para bajar los precios, porque el objetivo era difundir el diseño entre toda la gente, incluidos los jóvenes y aquellos con menor poder adquisitivo. Ahora luchamos por la calidad: contener el precio ya no es una prioridad y tampoco se trata de dispararlo, sino de aceptar que cueste lo que debe costar. El consumidor también lo acepta, porque es más consciente e informado", explica en un inglés claro y pausado, con una ya muy lejana inflexión germánica.

Sus diseños parten del análisis del cuerpo humano en reposo y en movimiento, como la silla de oficina 360°, ideal para los trabajos que requieren cambios de posición continuos, ya que, como indica su nombre, permite sentarse en todas las direcciones.

Las piezas más recientes del diseñador revelan una inquietud creciente por el medio ambiente y el entorno: "Tenemos que crear un mundo mejor. La idea del lujo ha cambiado; cada vez es más subjetiva y personal. Poder y saber apreciar la belleza es un lujo. También la cultura y el conocimiento lo son, pero deberían ser privilegios para todos. Y si seguimos así el mayor lujo del futuro será la libertad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de mayo de 2011