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Necrológica:

Antonio Bernad, artista surrealista del exilio republicano

El dibujante, caricaturista y pintor Antonio Bernad Gozálvez (Elche, 1917), uno de los grandes artistas surrealistas del exilio español republicano en América Latina, falleció el jueves a los 94 años en el Hospital General de Valencia, donde ingresó hace una semana. Antonio Bernad, más conocido como Toni, que además era como le gustaba que le llamasen, nació en Elche (Alicante), aunque de niño sus padres se trasladaron a Albacete, donde se formó como artista autodidacta.

Era un artista humilde, de carácter introvertido, poco dado a la publicidad mediática. Quizá por eso, su obra, cuantiosa, interesante y perdurable, pasó prácticamente inadvertida hasta que se recuperó, a finales de 2008, con motivo de la exposición antológica Antonio Bernad: Humanidad, humor y surrealismo, de la Universitad de Valencia, que luego viajó a Elche y Albacete. El profesor de Historia del Arte, Rafael Gil, en aquella época vicerrector de Cultura de la Universitad, recuerda que la iniciativa surgió para "hacer justicia con un artista muy interesante e importante apenas conocido", y del que nunca se había organizado una exposición antológica, en la que por primera vez se mostraron 60 obras en conjunto.

Bernad formó parte del grupo de artistas vanguardistas republicanos exiliados que se dieron cita en República Dominicana, tras su paso por los campos de concentración franceses. Él pasó penurias en los de Saint-Cyprien y Gurs. Por su propio carácter nunca fue profeta en su tierra, a pesar de su trayectoria y de su obra, que lo acreditan como uno de los artistas surrealistas más importantes de la talla de Eugenio Granell, de quien fue amigo en la República Dominicana. "Si sus circunstancias personales y sus escenarios vitales hubieran sido otros, estaríamos ante una de las figuras más notables del surrealismo", afirma Gil.

Bernard inició su carrera artística en Albacete, de muy joven, cuando publicó sus primeras caricaturas en la prensa local, pero fue en el exilio cuando desarrolló su faceta artística. En Santo Domingo conoció a otros artistas como Bretón o Vela Zanetti, con los que entabló una sólida amistad. Alcanzó una gran proyección con la publicación de sus caricaturas en el periódico La Nación, en República Dominicana. Años más tarde se instaló en Puerto Rico, pero por problemas burocráticos se marchó a México, donde trabajó como dibujante en la editorial UTHEA. También frecuentó las tertulias de los exiliados españoles del café Papagayo, donde conoció al cartelista Josep Renau, el pintor Enrique Climent, los hermanos Vilalta y el caricaturista Guasp.

En 1953 regresó a España, primero recaló en Albacete y luego en Valencia, donde trabajó como agente comercial y siguió cultivando, en sus ratos libres, la pintura, el dibujo y la caricatura. La concejal de Cultura del Ayuntamiento de Elche, Àngels Candela, lamentó la "pérdida notable" de un artista comprometido con la República y con el arte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de mayo de 2011