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PUNTO DE OBSERVACIÓN

La lista de la biblioteca

La American Library Association (ALA) suele difundir cada año una lista de los 10 títulos que son objeto de más demandas para que sean retirados de las bibliotecas públicas de Estados Unidos. La palma se la sigue llevando este año un cuento infantil, bellamente ilustrado por Henry Cole, que se llama And tango makes three, que vuelve locos a los grupos ultrarreligiosos porque cuenta la historia, verdadera, de dos pingüinos, los dos machos, del zoo de Nueva York a los que dieron un huevo para empollar y que se comportaron como una perfecta familia con su pequeño polluelo.

La lista, generalmente basada en protestas por ser libros sexualmente explícitos, tiene dos verdaderas joyas situadas en los puestos tres y ocho. Se trata de Un mundo feliz, que publicó en 1932 el escritor británico Aldous Huxley y que, maravillosamente, sigue siendo capaz de provocar pánico entre padres norteamericanos deseosos de educar a sus hijos sin que sepan nada de un posible mundo en el que está prohibido leer textos que le alejen a uno de la gran felicidad.

El afán por controlar los libros de las bibliotecas de EE UU ha llevado a pedir la retirada de 'Un mundo feliz', de Huxley

La segunda joya es el formidable reportaje de Barbara Ehrenreich titulado Por cuatro duros: cómo no apañárselas en Estados Unidos, en el que se ironiza sobre la creencia de quienes no son pobres de que la pobreza es una condición soportable. El libro pretende convertir a los pobres en gente visible, la limpiadora del hotel de la esquina o el dependiente del supermercado. Por lo que se ve, esos grupos ultraconservadores no soportan tampoco que sus hijos se los encuentren en la estantería de la escuela.

A un europeo le puede resultar chocante ese afán por controlar el contenido de las bibliotecas públicas, pero quizá se comprende mejor si se conoce el papel que desempeñan esas bibliotecas en la sociedad estadounidense, mucho más importante que en las sociedades europeas. En mitad de la última crisis, por ejemplo, los norteamericanos acudieron más que nunca a sus bibliotecas. No solo a leer gratis libros, o diarios, a ver y oír, gratis y legalmente, CD y DVD, sino a utilizar los recursos que esas bibliotecas ponen a disposición de sus visitantes, especialmente todo tipo de herramientas para ayudarles a buscar trabajo.

Las bibliotecas norteamericanas, según el último informe elaborado por la formidable ALA ( http://www.ala.org/), decidieron ya hace tiempo que debían ofrecer a los ciudadanos menos afortunados los medios digitales para acceder a las bases de datos en las que se ofertan empleos, las plantillas para elaborar correctamente currículum vítae, los diferentes modelos de cuestionarios a rellenar e, incluso, los temarios de las oposiciones más frecuentes.

Sea por los motivos que sea, la cuestión es que, según los últimos sondeos, más del 60% de los norteamericanos creen que las bibliotecas públicas son imprescindibles para su vida y que también ayudan a mejorar la vida de su comunidad. Y que, pese a lo que piensen algunos europeos, son mucho más visitadas y están mucho más vivas e integradas en la vida de los pueblos y ciudades del país de lo que sucede en la vieja Europa.

ALA, que se creó en 1876 y que desde entonces ha defendido sin desmayo la idea de que las bibliotecas deben negarse a prohibir o suprimir materiales debido a la "presión ideológica o partidaria", protestó por el intento de impedir que sus visitantes pudieran acceder, vía Internet, a los documentos WikiLeaks y es ella la que acude a los tribunales, con mejor o peor fortuna, cada vez que algún grupo de presión pretende que se eliminen títulos de las estanterías de sus asociados. Recientemente, por ejemplo, perdió un juicio para impedir que una escuela de Miami retirara un pequeño libro en el que, según sus detractores, se dibujaba "una sociedad cubana falsa". Un juez disidente consideró, sin éxito, que lo lógico sería que los demandantes promovieran otros libros con otras visiones de Cuba y no ayudarles a prohibir el que ya existía.

solg@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de abril de 2011