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Reportaje:

El ostracismo de las conserveras

Un documental muestra los sinsabores de las trabajadoras de las Rías Baixas

Formalmente era como si no existieran ni social ni laboralmente. No constaban en ningún registro oficial pese a ser trabajadoras desde la infancia. En el censo de población se les inscribía como amas de casa cuyo oficio era "sus labores". En las fábricas donde pasaron su vida enlatando productos del mar, ni siquiera estaban dadas de alta. La lucha de varias generaciones de conserveras de las Rías Baixas por que se les reconozca sus derechos conforma el guión del edificante documental de Uqui Permui Rexistro de traballo. Un largometraje que desvela el pasado y el presente de una profesión silenciada, esencialmente femenina y siempre precaria.

"A las conserveras nos infravaloraron siempre, nos arrinconaron, ahora no es tan descarado como antes, pero sigue funcionando", cuenta Benita, la primera sindicalista de la secular fábrica ahora cerrada de Odosa, en Illa de Arousa. "Cuanto más veo el documental, más lloro, estamos en el mismo punto", se indigna Loli Romero, empleada del centro de Alfageme en Vilaxoán (Vilagarcía), cerrado en 2010 tras cuatro años de protestas. Sindicalista de CGT, esta conservera protagoniza en la cinta de Permui el hilo conductor entre el pasado y el presente de la lucha de estas mujeres por sus derechos. Y no oculta su rabia por el anuncio, esta semana, a bombo y platillo del acuerdo de la Xunta y el grupo cántabro El Consorcio para reflotar dos de las cuatro plantas que tenía Alfageme.

Se pasaron la vida enlatando productos sin estar ni dadas de alta

Algunas, tras 40 años, descubrieron que no tenían derecho al paro

Con una fuerte inyección de dinero público "que pagamos todos los gallegos" (nueve millones de euros), los empresarios se comprometen a reabrir los centros de Ribadumia y Vilaxoán, en el Salnés, y garantizar 150 puestos de trabajo. "Pero nos quitan nuestros derechos de trabajadoras fijas para hacernos fijas discontinuas, o sea que nos llamarán para trabajar sólo cuando lo crean necesario, y durante cinco años", denuncia Loli. "Nos cambian trabajos dignos y decentes por precarios, y encima tenemos que aplaudirles. ¿Dónde está el avance? Estamos casi como cuando cerró Odosa".

El documental de Uqui Permui parte precisamente del rescate de un viejo vídeo muy deteriorado realizado por las trabajadoras durante su encierro en el verano de 1989 en protesta por el inminente cierre de aquella conservera, que había sido pionera en Galicia -abrió como fábrica de salazón en 1879- y en la que trabajaron generaciones enteras de mujeres del municipio insular.

Permui entrelaza ese testimonio audiovisual con entrevistas actuales de sus protagonistas y las protestas y condiciones de trabajo de hoy en día en las fábricas de conservas aún en activo, las pocas que resisten a la especulación urbanística. Situadas a pie del mar, muchas industrias desaparecieron "porque los terrenos solo interesan para hacer pisos", denuncian las conserveras en este largometraje. Fue el destino de los centros de Alfageme en Bouzas (Vigo) y O Grove tras su compra por la inmobiliaria Promalar.

"Doli, doli, doli coas conserveiras", gritaba Loli en las manifestaciones de las trabajadoras de Odosa hace dos décadas. En realidad, la consigna era "solidaridad" con unas mujeres que pese a llevar la mayoría desde niñas trabajando en la conservera, algunas desde hacía más de 40 años, descubrieron con estupor, al anunciarse su cierre, que no tendrían derecho ni a paro, ni a nada porque nunca habían sido dadas de alta en ningún lado. Aquel encierro de un centenar de mujeres durante un mes -cuatro de ellas en huelga de hambre- representó el despertar profesional de estas trabajadoras. Descubrieron que tenían derechos. "No lo sabíamos, no sabíamos que era un sindicato, llevábamos de casa el mandil, la tijera y el cuchillo y a trabajar. Insultarnos era una cosa normal, no veías nada raro en ello".

Los testimonios de estas mujeres, ya jubiladas o no, resultan escalofriantes. La primera nómina data de 1979, y durante décadas ni siquiera reflejaba su salario real. "Te ponían en el seguro con el nombre de otra". "Te mandaban cantar para que no comieras" el marisco que enlataban. Hasta el cierre, en 1989, los aseos de señora en la fábrica estaban restringidos, cerrados con llave. Cuando había una baja por maternidad, "te daban en mano 3.000 o 4.000 pesetas y el encargado te decía: '¿Qué, otro polvo?". Durante el encierro en Odosa, "hubo que hacer turnos para atender las comidas y los niños porque si no teníamos guerra con los hombres".

"Nunca asumieron su papel de productoras", cuenta la realizadora del largometraje, "no existían, el sueldo de conservera era como un complemento del marido, cuando era en muchas ocasiones el único sustento de la economía familiar". La cinta, seleccionada para la Muestra Internacional de Películas de Mujeres de Barcelona, se proyectará el día 7 en A Coruña y el 28 en Vigo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de abril de 2011