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Necrológica:

Nilla Pizzi, el primer mito de Sanremo

Ganó en 1951 en el estreno del festival

La imagen de Nilla Pizzi en la memoria colectiva de Italia es la del blanco y negro de la posguerra, aquellos años de reconstrucción de un país que salía de la II Guerra Mundial destruido, pero listo para volver a empezar. Y su voz fue una de las bandas sonoras de los albores de la República italiana desde que en 1951 ganó la primera edición del Festival de Sanremo, la competición musical que se convirtió en una de las citas más amadas y criticadas de la cultura nacional.

Los retorcidos caminos de la historia quisieron que la misma voz que el hipócrita paternalismo fascista había apartado de los micrófonos por ser demasiado sensual se convirtiera en un icono público tranquilizador, a pesar de los amores apasionados que marcaron su vida. "Nací en 1951, con el Festival de Sanremo. Antes no existía", dijo una vez la cantante. En aquella primera edición ella era uno de los tres intérpretes que prestaban su voz a las 20 canciones que estaban en concurso. Desde entonces Adionilla Negrini Pizzi (su verdadero nombre), fallecida el 12 de marzo en una clínica de Milán a los 91 años, supo conservar el título de reina de la canción italiana, incluso una vez acabada su época dorada.

Sus éxitos, Grazie dei Fior, Papaveri e Papere, Vola Colomba (con la que también ganaría el festival en 1952) y Edera, entre otros, forman parte de la historia de la cultura popular, sesenta años después de que aquella media hora de directo en la radio (el festival no empezó a emitirse por televisión hasta 1955) la consagrase como un símbolo del renacimiento del país.

Nacida en 1919 en un pueblo de la provincia de Bolonia, con 18 años ganó el concurso 5.000 liras por una sonrisa, precursor del certamen de belleza Miss Italia. Casada con un joven albañil que fue enviado al frente, Pizzi ganó en 1942 un concurso promocionado por el Eiar, organismo precursor de la Radiotelevión Italiana (Rai).

En los sesenta, con la llegada de la revolución beat y de una nueva generación de intérpretes, se reinventó y abrió en Acapulco (México) un club por el que pasaron personajes del calibre de Frank Sinatra. Volvió a Sanremo en 1981 como presentadora y en 2010, elegante y coqueta como siempre, fue la madrina del 60º aniversario de la competición que contribuyó a crear.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de marzo de 2011