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Crítica:CANCIÓN | Olga Román | Dos salas con historia

Revulsivos para la mediana edad

Definitivamente, Olga Román ya no es "la segunda voz de Sabina". Y no solo porque su alianza con el jiennense expirara hace algún tiempo, sino porque su crecimiento como artista en primera persona se antoja imparable. Más aún en cuanto, de aquí a un par de semanas, se publique su tercer disco (Seguir caminando), que anoche presentó en una atestada Galileo Galilei. Vayan aguazando el oído, porque la criatura le ha salido tierna, sentida, preciosa.

Escribe Olga con el corazón en el puño, y ese latido de franqueza acaba filtrándose por los poros de quien escucha. Pese a esa rara inexpresividad que a veces la atenaza en escena, a la barrera que establecen sus ojos entornados, anoche cantó lo que de verdad siente. Transmite empatía, emociona primero y mueve a la reflexión después.

Seguir caminando, el estupendo tema central, constituye una invitación casi de gospel para encontrar revulsivos frente a los tormentos del ser humano: la congoja de la mediana edad, supongamos. No me digas cómo aborda con humor las discrepancias en la pareja, no siempre traumáticas. Pero el mayor regalo lo encontramos con Margarita, que escenifica su reconciliación sabiniana, una rumba cubana con ese encanto instantáneo que le echamos de menos a Jorge Drexler de cinco años a esta parte. Olga se afianza como una Carly Simon a la española: grandísima voz con un cada vez más sólido repertorio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de febrero de 2011