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Tribuna:coyuntura nacional

Bajo el síndrome del ajuste

Los datos detallados de la contabilidad nacional del cuarto trimestre muestran una economía bajo el síndrome del ajuste, todavía después de tres años largos de crisis. Primero fue el ajuste virulento del sector privado y ahora el del sector público. Los desequilibrios generados en la economía real durante la larga y desordenada etapa de expansión anterior habían sido muchos y muy elevados, lo que ha acabado arrastrando al sector financiero. Todo ello, y la falta de un diagnóstico inicial correcto que debería de haber adelantado medidas que se están tomando ahora, explica que los ajustes estén durando tanto y sean tan dolorosos.

Aun así, la economía intenta despegar. En el cuarto trimestre, el PIB creció un 0,9% respecto al anterior en tasa anualizada (en adelante, todas las tasas intertrimestrales se darán en estos términos), si bien el número de ocupados cayó un 1,1% y las horas trabajadas, un 3,2%. Por tanto, el aumento de la producción se está haciendo de momento a base de aumentar la productividad. Esto es otro ajuste más, pues el aumento de la productividad y la moderación salarial se traducen en una caída de los costes laborales por unidad producida, lo que restablece la pérdida de competitividad de los años anteriores. A su vez, esta mejora de la competitividad ayuda a aumentar las exportaciones y ello, más el ajuste del gasto interno, a reducir el déficit frente al exterior y a estabilizar la deuda. Las cifras son elocuentes: la demanda interna cayó un 1,4% respecto al trimestre anterior, periodo en el que ya había disminuido un 5,2%, mientras que las exportaciones aumentaron un 16,6%. El déficit frente al resto del mundo se redujo al 2,4% del PIB en términos desestacionalizados. Este es el camino correcto y no cabe dejarse tentar por la idea de que sería mejor un aumento mayor de los salarios para que el consumo tirara más y, con él, el conjunto de la economía y el empleo. Esto sería un poquito de pan para hoy y mucha hambre para mañana.

Los desequilibrios y la falta de un diagnóstico inicial correcto explican la dureza del actual ajuste Según nuestros cálculos, la renta disponible cayó un 4% en 2010 y, con ella, la tasa de ahorro

Sin embargo, no todos los componentes de la demanda interna presentan tasas negativas. El consumo privado y la inversión de las empresas en equipo aumentaron un 1% y un 4,9%, respectivamente, tasas en todo caso modestas teniendo en cuenta que el trimestre anterior había sido anormalmente bajo como consecuencia del adelanto de gastos a la primera parte del año. En cambio, el consumo público y la inversión en construcción disminuyeron un 2,8% y un 11,7%, respectivamente, ambos agregados directamente afectados por el ajuste fiscal, además de la corrección de la burbuja inmobiliaria en el caso de la construcción.

En el conjunto del año 2010, el PIB se redujo un 0,1%. La demanda interna detrajo 1,2 puntos porcentuales (pp) al crecimiento del PIB y la demanda externa neta contribuyó positivamente con 1,1 pp. El consumo privado fue el único agregado de la demanda que registró una tasa positiva, el 1,2%, y ello fue a costa de una notable reducción de la tasa de ahorro, ya que la renta disponible de los hogares disminuyó casi un 4% en términos reales, según estimación propia, pues el INE no ha publicado aún este dato. El consumo público y todos los componentes de la formación bruta de capital fijo descendieron, destacando la caída del 11,1% de la construcción y, dentro de ella, el 16,8% de la vivienda. La inversión en construcción detrajo 1,6 pp al crecimiento del PIB.

La caída del 0,1% del PIB fue el resultado de una disminución de las horas trabajadas del 1,7% y de un aumento de la productividad por hora del 1,6%. Este último, unido al moderado crecimiento del 0,2% del coste laboral por hora, se tradujo en una caída del coste laboral por unidad producida del 1,4%, la primera desde que se dispone de contabilidad nacional [gráfico superior derecho]. Con ello, la participación de las rentas salariales en el PIB, que había aumentado en los tres años anteriores, se redujo en algo más de un punto porcentual, hasta el 47,9%, nivel muy cercano al de 2007 [gráfico inferior izquierdo]. Ello permitió la recuperación de los márgenes empresariales por unidad producida, aunque la parte del PIB correspondiente al excedente de explotación también disminuyó ligeramente debido a que, al contrario que en los tres años anteriores, la parte destinada a los impuestos aumentó en 1,5 pp del PIB.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de febrero de 2011