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Crónica:SILLÓN DE OREJAS

Amores normales y no tanto

Sin duda esta ha sido la semana del amor, también en las librerías. Ahora se celebra San Valentín como si fuera la antesala modesta de Sant Jordi: gracias a la crisis, los enamorados se regalan libros, que resultan más baratos que las fragancias y las corbatas y ofrecen la ventaja de que huelen menos y atan más. Por lo demás, cada cual celebró San Valentín como pudo. Mi favorito es aquel lector malcasado que se anunciaba hace unas semanas en la sección de clasificados de la muy culta London Review of Books: "Mi terapeuta me ha dado tan buena tarifa que puedo permitirme algunas infidelidades y, encima, lidiar elegantemente con mi culpa. Varón comprometido, pero infiel, de 60 años, busca contraparte femenina. Prometo una intensidad de gozo sexual completamente imprevista en esta publicación". Claro que el amor no lo soluciona todo; por ejemplo, la contaminación. Y es que, al menos en Madrid, la gente se besa mal con la mascarilla tapándole la boca y sin parar de toser, a pesar de lo que diga Ana Botella (en adelante AB), la concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, que ha subrayado en los medios afines (de la derecha, de la extrema derecha y más allá: en el mismísimo programa de Miguel Ángel Rodríguez) que más asfixia el paro que el dióxido de nitrógeno. Detrás de una gran mujer (AB), siempre hay un gran hombre (JMA), me digo, recordando al antiguo "líder visionario", como le llamó George Bush junior, aquel extraordinario filólogo que logró convertir la tortura en "técnica de interrogación reforzada". Volviendo a los libros: de entre la multitud que lleva la palabra "amor" estampada en la cubierta, selecciono tres de los que me he ocupado. En primer lugar, Amo, luego existo (Espasa), un estupendo ensayo de Manuel Cruz, uno de los filósofos españoles que más (y de modo más sugerente: ahí tienen los artículos que publica en este mismo periódico) ha reflexionado sobre el asunto. Olviden (ya sé que es difícil, pero inténtenlo) el título del libro -uno de los más disuasorios de los últimos meses- y sumérjanse en esta elegante y original reflexión sobre el amor, construida a partir de la relación (no sólo intelectual) que con él han tenido los filósofos. En Elogio del amor (La esfera), Alain Badiou defiende, en sustancioso diálogo con Nicolas Truong, y a contracorriente de la tradición realista de los moralistas franceses, ese "acontecimiento" que tiene el poder sobrecogedor de "transformar la banalidad azarosa de un encuentro en aventura obstinada" (por cierto, lo menos amable de este libro es su precio: 16 euros por 126 páginas de texto a doble espacio). Por último, en la antología Poemas de amor (Lumen), de Pedro Salinas, vuelve a demostrarse que los poetas llegan donde no pueden hacerlo los filósofos. Ninguno de estos libros tiene nada que ver, desde luego, con las muy contemporáneas novelas "románticas paranormales", un muy rentable subgénero que fascina a los adolescentes (de todas las edades, ¡ay!) en el que se describen las relaciones amorosas entre un ser "normal" y otro que no lo es (vampiro, hombre lobo, fantasma, íncubo, bruja, elfo). Pero no se preocupen: hasta donde a mí se me alcanza, ninguna de las personas citadas en este comentario es un ser paranormal. Bueno, tengo sospechas de una (sí: la misma que ustedes), pero permitirán que la prudencia selle mis labios, ocultos desde hace días tras la mascarilla anticontaminación.

Clavos

Como ocurre en el amor, en la literatura y en el cine también un clavo saca otro clavo. Me quité el mal sabor de mente que me había dejado una estúpida (y ñoña) comedia española con primos norteños con dos excelentes películas (basadas en sendas novelas) que se quedan a escasos metros de la obra maestra: el remake de Valor de ley (Joel y Ethan Coen), mucho más sombrío e invernal que la peli de Hathaway (True Grit, 1969), y la impresionante Winter's bone (Debra Granik), dos lecciones de gran cine que ningún aficionado debería perderse. Y ambas están protagonizadas por sendos prodigios de interpretación de menos de veinte años: Jennifer Lawrence y Hailee Steinfeld. En cuanto a la comediorra (neologismo: comedia pedorra) de los primos, no me extraña que con productos como este el cine español pierda espectadores a razón de 6,7 millones en el último año. Menos mal que de vez en cuando nos regalan un Pa negre (Agustí Villaronga) para llevarnos a la boca cuando tengamos hambre. Otro buen clavo de papel que quita el de las banales tertulias mediáticas y el de ciertos blogs de aquí-estoy-yo en los que la ignorancia parece haber encontrado su trinchera es el que representa El Estado Mental, la última aportación al quiosco del ya veterano editor Borja Casani. En la nueva revista encontrarán cosas que no hallarán en otros sitios, (incluyendo estupendos cómics) y, sobre todo, reflexión auténtica y lectura abundante: el primer número (12 euros) se llama muy sintomáticamente 'Tenemos que hablar', y es grueso pero no pesa.

Caín

El próximo lunes hará seis años que nos dejó Guillermo Cabrera Infante (Gibara, 1929-Londres, 2005), el escritor que primero (y antes de que lo hicieran los clásicos de nuestra lengua común) me ayudó a sacar la literatura del Museo. La segunda gran pasión de su vida (después del empate representado por Miriam Gómez y la propia literatura) fue el cine. Quizás por ello el primer volumen de sus Obras Completas, que publicará Galaxia Gutenberg a partir de esta primavera, estará dedicado a los escritos cinematográficos (críticas, ensayos, entrevistas, reportajes) que, bajo el seudónimo de Caín, fue publicando desde los comienzos de su carrera. La edición corre a cargo de Toni Munné y de la propia Miriam Gómez, que sigue ordenando y clasificando montañas de papeles inéditos en ese abarrotado y mágico apartamento de Gloucester Road, la más rotunda negación del minimalismo japonés que conozco. Si quieren homenajear al autor y su musa y, encima, pasar un buen rato, no se pierdan las viejas películas que constituyen el Ciclo de la Cinemateca personal de Guillermo Cabrera Infante y Miriam Gómez y que se proyectan (gratis et amore) a través del blog de Zoé Valdés (zoevaldes.net). Esta semana le ha tocado a Forbidden (1932), una estupenda peli de Frank Capra. De nada.

Cifras

Me he quedado "como un paciente anestesiado sobre una mesa" (T. S. Eliot: La canción de amor de J. Alfred Prufrock) al enterarme de que, según un informe de Nielsen, en el Reino Unido, donde el precio fijo fue suprimido legalmente en 1997, unos 600 millones de libras (más de 700 millones de euros) fueron descontados el pasado año del precio de los ejemplares vendidos. El descuento medio sobre el pvp "recomendado" por el editor fue del 26% (como comparación: en 2001 había sido del 17%). Supongo que con estos datos es fácil comprender por qué en UK las librerías independientes constituyen una pintoresca especie ya casi totalmente extinguida. Otro asunto es si, con la que está cayendo, una medida proteccionista como la del precio fijo podrá mantenerse mucho tiempo allí donde todavía existe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2011