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Necrológica:

Raymond D'Addario, fotógrafo de los juicios contra los nazis

Fue el autor de las icónicas imágenes de Núremberg

Raymond D'Addario tendría que haber descendido al peor círculo del infierno para retratar una cantidad semejante de malvados en horas bajas. El fotógrafo, que falleció el domingo a los 90 años, en su localidad natal de Holyoke, Massachussets (EE UU), tuvo la extraordinaria oportunidad de inmortalizar, afrontando penitencia, al mayor conjunto de hombres malos, pero lo que se dice malos, de la historia de la humanidad. A él le debemos una de las fotos icónicas del siglo XX: la de los jerarcas nazis ante el tribunal que juzgó sus atrocidades en el emblemático juicio de Núrenberg (1945-1946). Allí sentados están todos, al menos todos los que quedaban vivos pues faltaba buena parte de la crême: Hitler, Himmler, Goebbels, Bormann... de los que el mundo se había librado antes.

Con el telón de fondo de una hilera de policías militares firmes como arcángeles, los 21 mandatarios del III Reich considerados responsables de los terribles crímenes del régimen hitleriano y de la salvaje guerra que devastó Europa de 1939 a 1945 y provocó millones de muertos aparecen sentados en dos filas detrás de sus abogados. Uno podría pasar años delante de esa foto (y del resto de la serie) sin acabar de exprimir toda su carga. Göring acodado en el extremo de la bancada, displicente frente al despliegue de las atrocidades. Hess a su lado con la mirada extraviada. Kaltenbrunner, de rostro tan terrible como sus actividades. Keitel y Jodl tratando de aparentar dignidad en sus restos de uniformes de mariscales... Once de los hombres juzgados de la foto fueron sentenciados a muerte y -excepto Göring, que se suicidó- se los ahorcó. Tres recibieron condenas de cadena perpetua, otros dos de veinte años...

D'Addario tomó un montón de fotos del proceso, en blanco y negro y en color, millares de ellas, y también película. Su cobertura del juicio resulta extraordinaria, más aún porque hubo de afrontar las restricciones del tribunal y, por ejemplo, no pudo usar flash durante las sesiones.

Las fotos fueron distribuidas en periódicos y revistas de todo el mundo y encarnaron la suerte de los vencidos y la justa retribución de los crímenes contra la humanidad. Independientemente de las palabras y las leyes, las fotografías emanan un discurso inmortal sobre los perpetradores y la justicia.

El fotógrafo también tomó elocuentes imágenes de la ciudad de Núremberg devastada por los bombardeos aliados. Menos conocidas que las de los bancos de los acusados pero igualmente históricas son otras fotografías de aspectos más íntimos del proceso, como las de Speer con sus abogados, las de los fiscales con sus papeles o las del juez Robert Jackson.

D'Addario era fotógrafo del Ejército y fue uno de la docena que fueron asignados para documentar el juicio. Se le licenció al acabar este, pero -cosas de trabajar bien- se le volvió a reclamar para fotografiar otros 12 juicios de crímenes de guerra, en los que más de 200 mandos nazis y sus secuaces fueron procesados. Nacido en 1920, era el hijo del dueño de una tienda de comestibles. Se graduó en 1938 y convirtió su afición a la fotografía en profesión, trabajando como free lance. Se alistó en el Ejército antes de Pearl Harbour y fue asignado al Servicio Fotográfico en Londres. Mientras cubría los juicios conoció a la que sería su mujer, Margarete Borufka, una refugiada checoslovaca que trabajaba como traductora en la Palacio de Justicia. Tras el juicio de Núrenberg, D'Addario deploró que no le dejaran tomar fotos de las ejecuciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de febrero de 2011