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Reportaje:

Camacho se va con pena y sin gloria

El antiguo seleccionador español, rechazado por los radicales, es destituido en Osasuna

El vizcaíno José Luis Mendilibar, antiguo técnico, entre otros equipos, del Eibar, el Athletic y el Valladolid, es el nuevo entrenador de Osasuna hasta junio de 2012 en sustitución de José Antonio Camacho, destituido ayer. Mendilibar, que ya sonaba como técnico para la próxima temporada, será presentado hoy en el estadio Reyno de Navarra, en el que debutará el domingo ante el Espanyo.

El preparador vasco, "a expensas únicamente de la firma", se ha comprometido con Osasuna para lo que resta de campaña, más la próxima, independientemente de si el equipo está en Primera o en Segunda.

Mendilibar se hace cargo de una plantilla que solo ha ganado uno de los últimos 11 partidos, frente al Madrid, lo que le ha situado en puestos de descenso, a un punto de la permanencia y a tres de la duodécima posición, cuando faltan 15 jornadas para la conclusión de la Liga.

"Vete con ellos", le gritaron al técnico en el encuentro contra el Madrid

Le sustituye el vasco Mendilibar, sin problemas políticos en la grada

La historia de Camacho en Pamplona concluyó ayer de una forma tan suave como traumática. La presencia del antiguo seleccionador español en el banquillo de Osasuna siempre tuvo un alfiler clavado: el del sector radical, los Indar Gorri (Fuerza Roja, en euskera), que nunca le aceptaron su pasado blanco y en el reciente partido ante el Madrid, que ganó Osasuna, le cantaron: "Vete con ellos, Camacho; vete con ellos". Era una cuestión ideológica, desde el punto de vista de Indar Gorri y compañía, más afectados por la imagen que tenían de Camacho que por los planteamientos deportivos. La cuerda se rompió en Anoeta, donde Osasuna cayó a los puestos de descenso con un panorama sombrío.

Camacho dijo ayer que no se esperaba esta decisión del club y que se marcha "triste" por no poder seguir dirigiendo al conjunto navarro, que no le cabe duda de que alcanzará el objetivo de la permanencia. "Estoy triste porque no me dejan trabajar y porque me tengo que despedir de gente amiga y... ya un poco aburrido por no poder entrenar. Ahora mismo tengo unas sensaciones malas. El presidente me llamó para decirme que me rescindían el contrato y hasta aquí ha llegado mi relación con Osasuna", manifestó en la sala de prensa de Tajonar tras despedirse de los que han sido sus jugadores desde el 14 de octubre de 2008.

El desenlace le sorprendió: "No me lo esperaba, pero los entrenadores siempre estamos para apagar el fuego y pagar el pato. Cuando vine, firmé y también sabía que algún día me tendría que ir. Igual que cuando me hicieron una oferta para venir acepté, ahora me han dicho que me tengo que marchar y tengo que acatarlo. Son decisiones de la juntas directivas y a nosotros no nos competen".

Pese a su pedigrí forjado en equipos de Primera División española y portuguesa y en la selección nacional, Camacho estaba llamado a recuperar las señas de identidad de Osasuna, más relacionadas con el fútbol volcánico que con el táctico, más pegado a sus orígenes que a su modernidad. No ha conseguido ni lo uno ni lo otro. El equipo rojillo no es reconocido ni por unos ni por otros y Camacho, tras el partido ante la Real Sociedad, dictó algo parecido a un epitafio: "Este equipo está diseñado para luchar por la permanencia, como otros ocho o 10 de la competición". Era un ejercicio de realismo, pero poco reconocible en un entrenador más dado a la vorágine emotiva que a la entrega de credenciales. En cierto modo, en esa frase se encerraba un desenlace anunciado. La fe en la testosterona de Camacho para recuperar a Osasuna concluyó en Anoeta, en su última rueda de prensa conocida por unos y por otros.

Camacho confesó ayer que ha sido un año duro. "Me habría gustado que todas las críticas hubieran estado basadas en la razón deportiva. Este año ha sido más duro, pero siempre he estado involucrado, he trabajado y he entrenado desde el primer minuto hasta el último", aseguró.

El técnico murciano ha añadido al calvario de los resultados, por los que está donde está el equipo, un calvario personal derivado de rechazos políticos y quién sabe qué pesó más. Salvó al equipo dos temporadas, pero no recuperó su espíritu original. Y eso es un delito en Pamplona. Ahora le toca a Mendilibar, de similar corte, pero sin problemas políticos en la grada por ser vasco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de febrero de 2011