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Crónica:BARCELONA 5 - ALMERÍA 0 | COPA DEL REY | Ida de las semifinales

El frío se combate con vértigo

El Barça arrolla en un visto y no visto al Almería

La trayectoria inmaculada del Almería en la Copa acabó con una goleada en el Camp Nou. El Barcelona se tomó el partido muy en serio, no reparó en el encanto del adversario ni en la frialdad de la noche, sino que jugó sin concesiones, más puesto y eficaz que nunca, convertido por una vez en un francotirador. Anoche pareció por momentos que se le ponía la cara de malvado, sobre todo cuando sancionó la candidez de un agradecido Almería, vendido al inicio por Esteban, redimido después por el propio portero asturiano, siempre desafortunado en las dos porterías.

No dan los rivales con el antídoto mientras el Barcelona sigue evolucionando en su juego. Ayer ganó el partido al contragolpe, más que nada porque le atacó de salida el Almería. Excelentes en el juego en corto, anoche exhibieron un fútbol estupendo a campo abierto, rápido técnico y certero. Resolvieron el encuentro y posiblemente la semifinal con una celeridad y frialdad sobrecogedora, a partir de una gran defensa y la mejor de las delanteras, en cualquier caso reconocibles, nada estraperlistas, resultones y siempre exigentes consigo mismos.

BARCELONA 5 - ALMERÍA 0

Barcelona: Pinto; Adriano, Piqué, Abidal, Maxwell (Milito, m. 81); Xavi (Keita, m. 73), Mascherano, Iniesta; Pedro, Messi y Villa (Afellay, m. 65). No utilizados: Valdés; Montoya, Busquets y Bojan.

Almería: Esteban; Míchel, Carlos García, Pellerano, Luna; Crusat, Mbami, Vargas, Corona (Uche, m. 61); Piatti (Ortiz, m. 83) y Goitom (Ulloa, m. 73). No utilizados: Alves; Jakobsen, Bernardello y Jonathan.

Goles: 1-0. M. 9. Messi chuta y Esteban falla el despeje. 2-0. M. 11. Villa define en el área pequeña. 3-0. M. 16. Messi, a pase de Iniesta. 4-0. M. 30. Pedro, de cabeza. 5-0. M. 87. Keita, tras recibir un pase de Messi.

Árbitro: Mateu Lahoz. Mostró la cartulina amarilla a Vargas.

Camp Nou: 49.875 espectadores.

Excelentes en el juego corto, el equipo azulgrana se impuso a campo abierto

El cabezazo de Pedro fue tan monumental que la hinchada se tocaba la cabeza

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El partido empezó tan bien para el Almería que nadie reparaba en Esteban. Hasta ocho futbolistas celestes se juntaban en la cancha del Barcelona: los zagueros tiraron la línea defensiva cerca de la divisoria, Piatti y Crusat se abrieron a las bandas y M'bami y Vargas rodeaban en el círculo central para que Corona quedara liberado a fin de conectar con Goitom. Quedó parado un equipo muy aseado, bien posicionado y agresivo con la pelota, animado por sus seis triunfos en la Copa. Un despliegue a gusto del entrenador más exigente, también para Oltra.

Muy exigido, el Barça jugaba tan bien en defensa como mal en ataque, impreciso, sobre todo Messi. No está nada bien renegar de la Pulga. A veces da la sensación de que escucha lo que no se oye en el Camp Nou. Messi perdió la pelota dos veces seguidas y acto seguido la cruzó en exceso cuando el remate parecía sencillo para un artista como el argentino. A la segunda llegada, sin embargo, el tiro de Messi cogió portería y el meta se tragó el cuero después de que tocara en la bota de un central y diera un mal bote. La hinchada preguntó entonces por quién era el portero del Almería.

Ayer jugaba Esteban, el suplente en la Liga y el titular en la Copa. Un mal día lo puede tener cualquiera, incluso el mejor guardameta del mundo, y anoche la pifió Esteban, sorprendido por Messi y acto seguido también por Villa, que coló la pelota por debajo del brazo del portero, vencido en el suelo. El tercero tampoco lo hubiera parado Casillas porque Messi remató suave y colocado, a su gusto. Los azulgrana no perdonaron una en el primer cuarto de hora. Acabaron cada una de sus llegadas con un tiro hasta contar tres goles para desespero del Almería.

El vértigo ofensivo del Barcelona convirtió en temeraria la afrenta del Almería. La estadística aseguraba que cuando Messi puso el 3-0 en el marcador, el 60% del partido se había jugado en la cancha del Barcelona. Las transiciones azulgrana resultaron imposibles de defender por la velocidad y precisión de los medios y de los delanteros y por la exuberancia de Abidal. El defensa francés salía con la pelota, los volantes asomaban para recibir y tirar la línea de pase, Pedro y Villa atacaban el espacio y entonces decidía Messi. Pillado a mitad de camino, no supo a qué portería mirar el Almería.

No tenía el día Esteban y no había manera de llegar hasta Pinto. Antes de llegar al descanso, el guardameta asturiano todavía tomó un cuarto gol a la salida de una falta lateral botada por Xavi y rematada por Pedro, un momento excelente para reparar en que el canario no solo tiene las piernas de un extremo sino también la cabeza del ariete más clásico. El cabezazo de Pedro fue tan monumental que la hinchada se tocaba la cabeza, feliz con su Pedrito, encantada con sus tres delanteros, de nuevo decisivos y goleadores: 35 tantos lleva Messi por 17 Villa y 18 de Pedro en lo que va de temporada entre todas las competiciones.

Así las cosas, el Almería se recogió y defendió con la pierna fuerte y la permisividad del árbitro, Mateo Lahoz, un colegiado que deja apurar la jugada, a veces en exceso. Planteado un nuevo partido, ahora desde el juego de posición y elaboración, los azulgrana atacaron muy bien en estático. Reaparecieron los gestos técnicos, algún detalle de Afellay, la clase de Messi y finalmente las buenas manos de Esteban. La cosa se puso tan dulce que los fumadores pudieron echar un pitillo sin que nadie les echara la bronca mientras Keita firmaba el quinto en una acción preciosa.

Los buenos partidos del Barcelona siempre acaban en 5, y el de ayer tuvo especial mérito porque era una noche para furtivos, por el frío, por la humedad, por el rival y por la rutina. El equipo de Guardiola, sin embargo, jamás se relaja, sino que mantiene su tensión competitiva hasta las últimas consecuencias. Y ahora quiere volver a jugar la final de Copa, una competición en la que es el rey y por la que tiene una especial predilección.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de enero de 2011