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Reportaje:

El gancho del boli verde

Espasa publica la novela de Eloy Moreno, un funcionario de Castellón que había tenido que recurrir a la autoedición

"A veces, los molinos no son tan grandes como los vemos". Esta es una de las reflexiones que Eloy Moreno saca de los meses que pasó promocionando su novela, él mismo, recorriendo cientos de kilómetros, visitando decenas de librerías, de ferias, haciendo promoción por Internet. Eso pasó antes de que recibiera la llamada de Espasa proponiéndole la publicación del libro que él se había autoeditado. "Y nos dio el sí".

Desde entonces y tras una semana a la venta bajo el paraguas de Espasa, El bolígrafo de gel verde puede encontrarse, en algunos casos, en los mejores mostradores de cualquier librería, ya que, con la tercera edición, ha alcanzado el lugar de los más vendidos. Incluso en aquellas librerías que hace unos meses le rechazaron por no seguir los "cauces adecuados", según le dijeron.

La editorial buscó al autor por las críticas en Internet

Eloy Moreno comenzó a ejecutar su idea de escribir en 2006. Tardó más de dos años en finalizar el libro. "La novela que me gustaría a mí leer", tal como la describe ahora. La historia de un hombre que vive en un espacio reducido, muy reducido, limitado a su casa, su oficina, la casa de sus familiares, una cafetería, un restaurante y poco más: en total, menos de 500 metros cuadrados. "Sí, un día te vas de viaje y puedes ir hasta la China, pero luego vuelves a esos espacios", explica el autor. Un día, para distinguirse de los demás, se compra un bolígrafo de gel verde que desaparece. Y, a partir de ese momento, su vida comienza a girar en torno a ese boli, hasta que se percata de ello y decide que su vida tiene que cambiar. Moreno asegura que el libro no tiene prácticamente nada de autobiografía pero sí que se ha servido de personas de su alrededor para unificar, en un solo personaje, muchos sentimientos.

Eloy Moreno tiene 35 años y es funcionario en Castellón. Cuando acabó su novela ni siquiera se planteó acudir a las grandes editoriales porque no "quería hacerla pasar por rechazos, por indiferencia, por días, semanas y meses de angustia pensando en si habían llegado a leer su alma o habían abandonado su cuerpo en el fondo de una papelera". También descartó pequeñas editoriales porque pensó que "moriría en cualquier rincón a los dos meses". Así decidió hacer algo distinto: "Y algo distinto era ir yo mismo a las librerías y estar allí con el libro". También regaló marcapáginas para atraer la atención de los lectores que, a través de Internet, comenzaron a "vomitar" buenas críticas.

Ni durante su autopromoción, ni ahora, ha dejado de trabajar. "Entonces, hacía los recorridos los viernes por la tarde y los sábados, que es cuando más gente iba a las librerías". Ahora, aunque está en plena promoción, además, sigue conectándose a Internet todas las noches para responder a todos los lectores que le escriben en su página de Facebook. "Si alguien se toma la molestia de escribirme, lo mínimo es contestar, ¿no?", explica. "Yo creo que es muy importante para el lector porque a mí me hubiera gustado, en muchas ocasiones, poder comunicarme con los autores de lo que he leído", añade. El domingo lo dedica su blog, desde el que también logró un sinfín de buenas críticas que fueron las que llegaron, precisamente a Miryam Galaz, editora de ficción de Espasa, que fue quien lo descubrió y propuso reeditar la novela.

"Lo que nos ocurrió con Eloy fue como acertar en la primera cita. Un día, brujuleando por Internet, descubrimos un montón de críticas apasionadas de una misteriosa novela titulada El bolígrafo de gel verde, cuya lectura no dejaba a nadie indiferente y los lectores hablaban con verdadero entusiasmo de la historia", describe Galaz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de enero de 2011