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Reportaje:COPA DEL REY | Cuartos de final

Prueba de resistencia en el Madrid

La lesión de Higuaín propicia un persistente desencuentro entre Mourinho y Florentino Pérez

La lesión de Gonzalo Higuaín en cualquier otro club sería un problema médico. Pero en el Madrid los problemas de la quinta vértebra lumbar del delantero han propiciado el primer desencuentro entre el entrenador, José Mourinho, y el presidente, Florentino Pérez. El asunto se prolonga desde hace más de un mes y no acaba de cerrarse . El presidente comienza a descubrir que después de Del Bosque, Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo, López Caro y Pellegrini, en el banquillo de su equipo tiene a un hombre hecho de una materia asombrosamente resistente. Duro y hábil para medir su poder con el poder de la institución. Como dijo ayer Mourinho: "En caliente o en frío, yo siempre intento ser honesto".

"Yo no tengo batallas con nadie", dice el técnico; "yo solo soy siempre honesto"

La visita del Atlético en Copa (22.00, Canal +), como la del Villarreal en Liga, no perturban el orden del día madridista. Mourinho cree que Florentino Pérez hizo todo lo posible por hacerle creer -a él y a los médicos de Sanitas que trabajan en Valdebebas- que Higuaín estaría recuperado para jugar esta temporada con la única intención de no gastar dinero en ficharle un sustituto. En los despachos aseguran que el presidente procura no hacer gastos que aumenten el endeudamiento del club más allá de lo razonable. El caso es que Mourinho se sintió burlado y desde hace semanas lo recuerda en sus conferencias públicas.

"Yo no tengo batallas con nadie", apuntó el técnico ayer. "Yo intento ser siempre honesto. Hablé con el club hace un mes para decirles cómo veía la situación [de Higuaín]. He sido tan honesto que sin saber mucho de medicina la experiencia me decía que el Pipa no iba a jugar esta temporada cuando otros decían que iba a jugar contra el Olympique de Lyón [como sugirió Florentino Pérez]. Desde el primer momento el club supo que mis sensaciones iban hacia otra parte. Pero el club es soberano. El club toma sus decisiones y mi función es trabajar".

"No puedo dar detalles de las cosas que hablo con el presidente", zanjó Mourinho. "No puedo". Luego observó que no tener todos los nueves que requiere le pone en una situación débil. Para explicar la situación no trepidó en echar mano a ejemplos poco concretos, o inverosímiles: "El Arsenal tiene a Van Persie, Chamakh, Bendtner, Arshavin y un quinto que no recuerdo. ¡Cinco nueves! El Milan tiene a Ibra, Cassano, Robinho, Pato... Nosotros sólo tenemos a Karim [Benzema]".

Mourinho puso a Arshavin, Robinho, Cassano y Pato el rótulo que se niega a poner a jugadores de corte similar, como Cristiano, Özil, Kaká o Di María. Ninguno es un nueve, pero el técnico está tan sensibilizado en la lucha por su cuota de poder que maneja los conceptos según le convenga. Piensa que si el presidente y sus asesores se inventaron que una hernia discal puede recuperarse en dos meses, él, en su defensa, también puede reconstruir la realidad a gusto.

La Escuela de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos convirtió a Florentino Pérez en un experto en probar la resistencia de los materiales. Aprendió que la presión, la torsión, la oxidación y la fatiga, entre otros agentes, deterioran el concreto, o el acero, y que no hay sustancia invulnerable. Mucho menos la sustancia de la que están hechos los entrenadores. Desde que llegó a Chamartín, en 2000, fue tan exigente con los entrenadores como con los ejecutivos, los médicos, o los jugadores. La lista de bajas es larga.

Pero Mourinho es distinto. El presidente descubre lo que ya sabía: que es duro. Y aprende más: que no calla. No cede. Incluso parece capaz de causar un estallido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de enero de 2011