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Reportaje:

La casa indiana se desmorona

La Torre dos Moreno, el edificio emblemático de Ribadeo, será apuntalada para evitar que se derrumbe, como pronostica el informe de un arquitecto

Los vecinos la consideran, junto a la Praia das Catedrais, uno de los mayores atractivos de Ribadeo, a la vez que el vestigio más sobresaliente -también el más fantasioso- de la riqueza alcanzada por los indianos de la zona al otro lado del Atlántico, que dejó la costa oriental de Lugo y de la vecina Asturias salpicada de arquitecturas extravagantes. Pero ese símbolo, la Torre dos Moreno, vecina al Pazo de Ibáñez -la vieja residencia del Marqués de Sargadelos, hoy sede del Ayuntamiento- amenaza con venirse abajo. En pocos días será apuntalada, porque la calle a la que da, el Cantón dos Moreno, es de las más transitadas de Ribadeo y el alcalde Fernado Suárez, del BNG, teme que a la pérdida de patrimonio haya que sumar una desgracia personal. Así lo recomienda el enésimo informe solicitado por el Ayuntamiento al arquitecto José Calaver: el edificio podría derrumbarse en cualquier momento.

Los propietarios están diseminados por España y Latinoamérica

Que la reparación de la Torre dos Moreno era de máxima urgencia lo asumieron, en su momento, los sucesivos alcaldes de Ribadeo, pero ninguno consiguió resolver el principal obstáculo para emprender las obras: la propiedad privada y fragmentada del edificio, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1994. El actual mandatario intento seguir la senda dejada por sus predecesores en un convenio firmado por el Ayuntamiento con los propietarios en 1996. En él, el consistorio municipal se comprometía a rehabilitar la Torre a cambio de que los propietarios -diseminados por España y Latinoamérica, aunque de algunos se ha perdido la pista- cediesen parte de su propiedad. Y es que para que el Ayuntamiento y la Xunta puedan rehabilitar el edificio, es imprescindible que al menos el 51% de la titularidad del mismo sea pública. Pero a pesar del riesgo de derrumbe, los acuerdos con los dueños no han permitido conseguir más de 21% de la propiedad. Por eso el alcalde ha tomado la medida más drástica desde que el deterioro de la Torre empezó a agravarse a finales de los ochenta: romper los compromisos con los dueños -el de los años noventa, pero también el que el propio alcalde logró en 2008, poco después de llegar al poder- para hacer valer la categoría BIC del monumento para salvarlo de la ruína. "A partir de ahora la relación entre el Ayuntamiento y los propietarios va a cambiar de manera radical", asegura Suárez. Por el momento descarta la expropiación, porque supondría añadir el gasto de las indemnizaciones al de la futura rehabilitación.

Una rehabilitación que ya tiene proyecto, pero no financiación. En septiembre, Patrimonio dio el visto bueno a la propuesta de intervención presentada por el Ayuntamiento. Pero el problema sigue siendo el mismo: si el gobierno municipal no consigue al menos la mitad de la propiedad no habrá administración pública que lo financie, por mucho que el alcalde confíe en la voluntad de la Xunta de arrimar el hombro. El proyecto prevé la sustitución de los 12 pilares de la planta baja, obra imprescindible para frenar el derrumbe. No hay fecha de inicio: lo primero, asegura el alcalde, es impedir que el edificio se venga abajo. "Son las medidas de emergencia antes de las de urgencia", resume.

Aunque en los noventa la Xunta subvencionó el refuerzo de las columnas y del tejado -de cerámica vidriada, para reflejar los rayos del Sol- pero no bastó para solucionar los graves problemas estructurales del edificio, el único de principios del siglo XX construido a base de hierro y hormigón que continúa en pie. Acabado en 1915, la propuesta, por entonces novedosa, del arquitecto argentino Julián García Núñez, discípulo de Gaudí, no resultó exitosa a la larga. El oxígeno penetró en el hormigón, corrompió el hierro y redujo la resistencia del conjunto. Hoy, la Torre dos Moreno es un edificio sin agua ni luz, carcomido por la humedad y del que caen de vez en cuando trozos de cornisas. "A la Torre le perjudicó mucho la burbuja inmobiliaria", asegura el alcalde, porque algunos dueños, cuenta, ambicionaban vender al mayor precio posible un edificio que dejó hace tiempo de ser habitable, el fin con el que lo ordenaron levantar los hermanos Pedro y Juan Moreno Ulloa a principios de siglo. Pese al lujo con el que fue diseñado - seis patios interiores, una cúpula sostenida por cuatro cariátides- otras casas indianas de la comarca, mucho más modestas, corrieron mejor suerte y no es raro verlas reconvertidas como reclamo estrella del turismo rural.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de enero de 2011