Reportaje:

Huelva respira sin fosfoyesos

La empresa Fertiberia cesa los vertidos y dispone la regeneración de los terrenos - Los ecologistas discrepan del plan para eliminar los residuos

Llegó el momento de cumplir la ley. La empresa de abonos Fertiberia, tras 40 años de vertidos e irregularidades administrativas, inaugura el 2011 con una nueva época para Huelva: la descontaminación de las balsas de fosfoyesos. Obligada desde el pasado día 1 de enero por un auto de la Audiencia Nacional, la compañía propiedad del grupo Villar Mir e instalada en el Polo Químico de la capital onubense afrontará en los próximos días el proceso de regeneración de las 1.200 hectáreas de terreno en el que se acumulan más de 100 millones de toneladas del controvertido producto que los ecologistas consideran residuos mientras que la empresa y la Junta de Andalucía los catalogan como subproducto inofensivo.

La compañía compra ahora el fosfórico a Marruecos para seguir produciendo

Los gastos de la recuperación de los terrenos -todavía incalculables- corren íntegramente a cargo de Fertiberia. Por lo pronto, prevén ejecutar una inversión inicial de 21,9 millones de euros para la que deben presentar el aval correspondiente, según recoge el fallo de la Audiencia. Todo apunta a que se seguirán las directrices de la empresa pública Tragsatec, subvencionada con un millón de euros para el desarrollo de un proyecto piloto coordinado por la Universidad de Murcia.

El plan se ejecutó durante varios meses en una parcela de 1.800 metros cuadrados dentro de las balsas. La solución propuesta por los expertos sobre el método más efectivo consiste en enterrar los fosfoyesos y tratar el terreno. Abogan por la instalación de barreras activas permeables y la colocación de suelos artificiales (tecnosoles) a los que seguiría, posteriormente, trabajos de revegetación. Salvo sorpresa de última hora, Fertiberia seguirá estos patrones.

Los grupos ecologistas, por su parte, se echan las manos a la cabeza y definen el plan de "barbaridad". Para Greenpeace, Ecologistas en Acción y la Asociación Mesa de la Ría, "el enterramiento de los fosfoyesos es pan para hoy y hambre para mañana". Consideran que tarde o temprano, el hecho de tapar las montañas de residuos, sólo "traslada el problema a generaciones futuras". La Mesa de la Ría envió un proyecto a la Junta hace dos meses para trasladar los fosfoyesos por ferrocarril a una mina inutilizada. Después se sellarían. La alternativa, sin embargo, parece poco viable, a juicio de las Administraciones, por el descomunal coste del traslado y la multitud de años necesarios para el desplazamiento total.

La peor parte del cese de vertidos recae en los trabajadores del sector industrial de Huelva. Durante décadas, Fertiberia fue el gran motor de empleo del Polo. Los sindicatos han luchado desde el principio por su mantenimiento. Tras la aplicación de la sentencia, la plantilla de Fertiberia bajó drásticamente de 350 operarios a 125. Como daño colateral, otra compañía del ramo, Foret (que también producía abonos y arrojaba el 20% de los fosfoyesos a las balsas) cerró el mismo día, el 1 de enero. Los 145 trabajadores, ya sin empleo, se manifestaron por las calles de la capital onubense. Esperan soluciones. El próximo 12 de enero volverán a reunirse con la dirección.

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Y no sólo cae Foret. El efecto dominó de la crisis de la industria en Huelva ha tumbado ya otras piezas como la fábrica de productos químicos Nilefós (120 trabajadores a la calle) o Ercros, de cloros, (con una propuesta final de 36 empleados). Decenas de subcontratas también se buscan la vida en otros sectores. La mayoría de empleados de Fertiberia salen con prejubilaciones "no traumáticas", según el secretario general de FIA-UGT, Luciano Gómez, que agradeció a la compañía haber escuchado las reclamaciones sindicales en lugar de abaratar más los costes desplazándose por completo a países como Turquía.

Fertiberia, por tanto, deja de verter pero no cierra. Un trato de última hora firmado con Marruecos garantiza la continuidad de la actividad. La producción de fertilizantes es más que rentable en los últimos años debido al crecimiento de los cultivos y el éxito del biodiesel como energía. La multinacional se las ingenió, pues, para proseguir con la actividad industrial sin contaminar. Poco antes de comenzar el año, firmó un contrato por el que comprará a Marruecos el ácido fosfórico necesario para afrontar la producción. La contaminación que causa el apilamiento de cantidades ingentes de fosfoyesos, a partir de ahora, es responsabilidad de otros.

Fallos en cadena

En octubre, el Defensor del Pueblo mostró serias dudas sobre la efectividad de la Administración autonómica y la Dirección General de Costas respecto al tema de los fosfoyesos. Muchas piezas no encajan. ¿Por qué la Junta otorgó a Fertiberia la autorización ambiental integrada sabiendo que la concesión de terrenos por parte del Estado ya había caducado? ¿Por qué el Ministerio de Medio Ambiente se retrasó más de nueve meses en elaborar el estudio que hubiera evitado la obtención del permiso? ¿Cómo se consintió que la empresa siguiera apilando fosfoyesos por encima de la altura establecida? ¿Cómo se le dejó seguir arrojando el vertido sin licencia durante más de cinco años? El Defensor denunció directamente el incumplimiento de la Ley de Costas que exige colaboración e intercambio de información entre los organismos competentes, "deberes incumplidos manifiestamente en este caso y con graves consecuencias para todos", recoge el documento.

Según los técnicos de Tragsatec, el plan piloto reveló tres conclusiones esenciales: que "la principal fuente de contaminación de las zonas son las aguas embalsadas", que la capa existente bajo los fosfoyesos es de "baja permeabilidad" por lo que las aguas contaminadas no fluyen hacia abajo y que, por tanto, "la única filtración es la que se produce de forma lateral".

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