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Entrevista:TROTAMUNDOS | Mia Patterson, actriz y cantante | EL VIAJERO HABITUAL

Camaleón en mi cama

La actriz y cantante gaditana Mia Patterson, que acaba de publicar su libro 75 años de historia del musical en España 1930-2005 (Fundación Autor), relata sus travesías por África en los años setenta.

¿Cómo surgió esta aventura?

Yo estaba empezando como cantante y a mi ex marido, que era músico, y a mí nos ofrecieron hacer una gira para tocar en varios hoteles de Mozambique , Ghana, Nigeria, Togo... Una oportunidad única.

¿Primeras impresiones?

Nada más bajar del avión todo huele y sabe a calor. La llegada fue complicada porque volamos a Tanzania vía Kenia . Por desgracia tuvimos que gastarnos inesperadamente un montón de dólares -casi todo lo que llevábamos, pues nos pagaban los gastos- en tasas y visados, y perdimos el autocar al hotel. Teníamos dos dólares; no daba para un taxi.

Un comienzo duro.

Daban ganas de llorar, y pensé "eres actriz; a lo mejor exagerando un poquito se apiadan de nosotros".

¿Resultó?

Pues sí, un taxista se compadeció de mi llanto y nos llevó al hotel gratis. Un gesto inolvidable. Y en el hotel, por cierto, la cena no iba incluida tampoco. Así que le dijimos al director del hotel: "Si quiere fregamos los platos, pero no tenemos un duro". El hombre también se apiadó y nos dio de cenar.

¿Llegaron bien a Tanzania?

Llegamos y recuerdo que en el hotel de Dar es Salam nos recibió un camaleón sobre la cama. El viaje siguió sin mayores incidencias. Aunque bueno, nos casamos en Zambia.

¿Qué me dice?

Éramos jóvenes y aventureros, así que hicimos una boda civil en Lusaka y un músico corso y otro belga de la orquesta que nos acompañaba fueron los testigos. Todo muy internacional.

¿Siguió una luna de miel?

Trabajamos muchísimo y vimos cosas muy duras, pero volar junto al Kilimanjaro nevado o ver las cataratas y el lago Victoria ha sido de lo más impresionante que he hecho. Es un continente donde todo parece inmenso: la luna y las estrellas son tan grandes que parece que puedes tocarlas. Y ese sol que cuando se pone parece que se come el horizonte...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de diciembre de 2010