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Reportaje:

El portero enigmático

Guaita, el joven meta del Valencia, impuso su frialdad en el Bernabéu y Old Trafford

En el vestuario de visitantes de Old Trafford no se escuchó ni media palabra de euforia por parte de Vicente Guaita, portero del Valencia. A pesar de que acababa de parar media docena de acometidas del Manchester United para dar a su equipo un prestigioso empate (1-1) que no le sirvió, sin embargo, para ser primero de grupo. "Es un hombre enigmático, de pocas palabras", le define el preparador de guardametas del equipo y de la selección española, José Manuel Otxotorena. Tan pocas palabras que el entrenador, Unai Emery, le exigió, tanto si le gustaba como si no, repartir órdenes a gritos entre sus compañeros de la zaga durante el encuentro. Y, sí, sus voces resonaron por encima de los más de 60.000 espectadores. "Le cuesta gritar", reconoce el central Dealbert, "pero es necesario para ayudarnos a los defensas". Había que romper su timidez y, antes del encuentro, el delegado del equipo, Salvador González, Voro, se reunió con él y le dijo: "Tú tienes condiciones: te da igual que el rival sea el Catarroja o el Manchester". El chico asintió y completó una actuación memorable.

"Arriesga en el juego aéreo y achica bien en el uno contra uno", le define Otxotorena

Una vez, el sábado, en el Bernabéu y ante el Madrid, pudo haber sido casualidad: una noche afortunada de un joven arquero, de 23 años, con escasa experiencia en Primera. Otra actuación muy mejorada tres días después en Old Trafford -dominó el juego aéreo, el uno contra uno y remates muy variados- sugiere que hay una "base sólida" detrás, apunta Otxotorena. "Teníamos grandes esperanzas y estábamos expectantes para ver su medida real ante dos partidos importantes. Ha rendido muy alto", añade.

Guaita tiende a ser tan tranquilo que en ocasiones llega a desesperar a sus entrenadores por su exceso de frialdad. Quizá por eso se sintió tan cómodo ante dos citas como estas, de alto voltaje, en las que es recomendable controlar la tensión. Sorprende que no haya sido internacional en las categorías inferiores de España, tal vez porque su explosión, en vez de a los 18 años como Casillas y De Gea, haya llegado un poco más tarde. Aunque ya el curso pasado, cedido en el Recreativo, ganara el Trofeo Zamora de Segunda.

"Reúne las condiciones físicas ideales", prosigue Otxotorena, "tanto por la amplitud de los brazos como por la longitud de las piernas. Llegó de Huelva más desarrollado muscularmente. Arriesga en el juego aéreo y achica bien en el uno contra uno". Eso sí, Otxotorena pide "prudencia" porque está empezando y le falta continuidad. Ahí se abre ahora el debate en la portería de Mestalla. Lesionado Moyà de larga duración, el veterano César sigue con molestias musculares, pero está ansioso por volver.

A Guaita, en todo caso, el marco le viene en los genes. Su padre también fue portero de la escuela del Valencia. Allí coincidió en el juvenil de los años ochenta con el entonces capitán Fernando Gómez, ex director deportivo y artífice de la actual plantilla. "El padre era más ancho de espaldas. El hijo, más espigado y tranquilo", analiza Fernando, convencido de que Guaita será "el portero del futuro del Valencia". Claro que el joven Guaita ha tenido altibajos anímicos en los entrenamientos, momentos de bajón cuando veía que César y Moyà le tapaban el horizonte. Ahora, ya no. Las distancias se han evaporado en solo tres días. Y Guaita es un enigma que Emery debe resolver.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de diciembre de 2010