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Reportaje:FÚTBOL | 12ª jornada de Liga

Manos de santo

Diego Alves, a quien su entrenador exige jugar con los pies para dar salida a la pelota, defiende con sus guantes y una medalla de la Virgen la portería del Almería

Estaba desesperado. Hacía nada que le había cambiado la camiseta a Henrique (defensa del Racing de Santander) para enfilar hacia el túnel de vestuarios y darse una ducha. De repente, se dio cuenta de que había desaparecido su medalla de Nuestra Señora Aparecida. Diego Alves (Río de Janeiro, Brasil; 25 años), portero del Almería, se llevó un disgusto de los gordos, hasta el punto de que regresó al campo, inspeccionó su portería -donde siempre deja la medalla- y el camino realizado sobre el césped del Sardinero. Después, preguntó a la Policía. "¡Y la tenían!", cuenta aún con alivio, pasado un año. Para Alves no es una medalla cualquiera; se la regaló su tía hace seis años para que ascendieran con el Atlético Mineiro carioca. Deseo cumplido. "Me da tranquilidad", aclara el futbolista con manos de santo que hoy se mide al Barça en el Camp Nou (20.00, Canal + Liga) . "Cuando está inspirado para mucho", le elogia Pep Guardiola, técnico azulgrana. "Deberemos ser muy precisos para hacerle un gol".

De los 14 penaltis que le han lanzado en la Liga, solo le han marcado cuatro

El éxito de Alves -primer portero brasileño en participar en la Liga- no es fruto de la casualidad. Admirador del guardameta Taffarel en los Mundiales de EE UU en 1994 y Francia en 1998, siempre tuvo claro su futuro. "En Brasil todo el mundo juega de maravilla y pensé que era la única forma de pararlos", suelta divertido. Algo similar ocurrió en su primera pretemporada con el Almería, cuando llegó como suplente de Cobeño. "Era muy joven y humilde, pero recuerdo una conversación en la que me dijo que quería triunfar", desvela su compañero José Ortiz, que chapurrea el portugués. Y tardó poco en conseguirlo. Tras unas jornadas en el banquillo, el equipo se batía con el Sevilla, por entonces propietario de Cobeño, que le impidió alinearse en el partido. Salió Alves, lo paró todo, se ganó la confianza del técnico (entonces Unai Emery), y ya no se ha vuelto a quitar las manoplas.

Desde que llegara Juan Manuel Lillo, en cualquier caso, ha tocado más veces el balón con los pies que con las manos. "Es una exigencia en nuestro sistema de juego; debe ayudar a sacar la pelota desde atrás", señala su compañero Corona. "Es el iniciador de la jugada, el primer pasador hacia un hombre libre", añade Ángel Férez, preparador de los porteros; "y es increíble porque le pega fenomenal con las dos piernas". Recoge el testigo Alves: "En España he aprendido a jugar con los pies". Entre otras cosas, porque Férez, apuesta simpática de por medio, junta a los tres porteros y realiza partidillos de dos contra dos -"Esteban y yo contra Álvaro y Diego", cuenta- o tandas de penaltis. Su otro punto fuerte.

Desde que se formara en el Botafogo de Ribeirão Prêto y despuntara en el Atlético Mineiro con 19 años, Alves siempre ha sido magnífico al otro lado de los 11 metros. En la Liga, por ejemplo, le han tirado 14 penas máximas y ha parado ocho, además de un palo y un disparo (Villa) que no iba a portería. O, lo que es lo mismo, el 71% de los penaltis que le tiran no acaban en gol. "Es un portero muy ágil, que reacciona muy rápido a los estímulos", argumenta el central Carlos García. "Saca las manos antes de que chutes", enfatiza Corona. "Es increíble su sangre fría. Con él detrás, estamos tranquilos", amplía Ortiz. "Tiene una velocidad de reacción espectacular, saca manos impresionantes, es valiente... Está para un grande", remata Férez.

Enamorado de las nuevas tecnologías -"cada día comparamos las aplicaciones que hemos conseguido, los gadgets del iPhone...", revela Ortiz- e internacional en todas las categorías de Brasil menos en la absoluta -participó en un amistoso contra un combinado carioca-, Alves aguarda ahora a los delanteros del Barça. "Nos enfrentamos al mejor equipo del mundo, donde todos hacen de todo. Villa no solo remata, sino que también da asistencias. Lo mismo pasa con Xavi, Iniesta, Pedro...". Y ensalza a Messi: "Leo es excepcional. Solo le falta ganar el Mundial como reconocimiento por lo que supone al fútbol".

Diego, por si acaso, pondrá la medalla. Y las manos, claro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de noviembre de 2010