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Las angelitas Disney visitan el infierno

Actrices y cantantes como Demi Lovato, Lindsay Lohan o Britney Spears pasean entre la fama y las adicciones

¿Qué ha sucedido en el mundo Disney para que una princesa entre en una clínica de rehabilitación a los 18 años? Por el universo de fantasía de la gran factoría infantil ya no lo pasean solo damiselas de conducta intachable como Blancanieves. Las nuevas princesas Disney son niñas y adolescentes de carne y hueso, que trabajan hasta agotarse, que intentan mantener una vida emocional normal y que, en ocasiones, sucumben al peso de la fama.

Demi Lovato, famosa por filmes como Camp rock, sorprendió el pasado noviembre al anunciar que ingresaba en una clínica de rehabilitación para recibir tratamiento por una serie de "problemas emocionales y físicos". La agencia AP reveló que sufría un desorden alimentario y que intentó automutilarse. Pronto se supo que se había peleado con una bailarina de los Jonas Brothers. Ambas habían coincidido en la gira mundial de ese grupo masculino, en la que Lovato participaba como estrella invitada y que abandonó a finales de octubre. Lovato salía hasta hace unos meses con Joe Jonas, uno de los tres hermanos de la banda. Pero él rompió la relación para iniciar otra con Ash-ley Greene, una de las actrices de la saga Crepúsculo.

"Son muchas las presiones que sufren", justifica el padre de Lovato

Novios que rompen. Celos. Peleas por amor. Son elementos normales. Lo que no es normal es que esas vicisitudes se vivan bajo los focos, siempre en un escenario. El padre de Demi ha dicho que su hija se ha quebrado por eso. "Son muchas las presiones que sufre", dijo en declaraciones a la página web Radar Online. "Eso es lo que más me preocupaba cuando le permití que firmara el contrato con Disney".

Hay una maldición Disney que ha engullido a otras jóvenes como Lindsay Lohan, Britney Spears y Miley Cirus. El de Lohan es un ejemplo claro de princesa atrapada en un mundo de drogas y alcohol. Debutó en 1998 en la película de Disney Tú a Londres y yo a California. Fue ganando impulso y apareció en filmes juveniles como Ponte en mi lugar o Quiero ser superfamosa. En 2007, la policía la detuvo conduciendo borracha y admitió en un juicio que había consumido cocaína. Tenía 21 años. Desde entonces, solo ha vivido una sucesión encadenada de entradas y salidas de juzgados y clínicas de rehabilitación.

Mejor le ha ido, a la larga, a Britney Spears, que debutó en el programa The Mickey Mouse Club en 1992. En 2007 entró en una clínica de rehabilitación, de la que salió en menos de 24 horas; se rapó la cabeza; destrozó el coche de su ex con un paraguas, y perdió la custodia de sus hijos. Sufrió el escarnio público y la vergüenza profesional, negándose a desaparecer de escena, aferrada a un micrófono que parecía darle vida. Tras su paso por un psiquiátrico y una temporada apartada de los flases de los fotógrafos, logró recuperarse, volvió a hacer música decente y recobró el derecho a visitar a sus hijos.

Esos son los casos más graves. Otras princesas de carne y hueso han protagonizado tropiezos menores, pero embarazosos. Miley Cyrus, protagonista de Hannah Montana, vio como un pirata informático entraba ilegalmente en su correo electrónico y difundía unas fotos picantes por la Red. Se la veía mostrando su sujetador, en poses provocativas. Disney no dijo nada entonces, pero sí que reaccionó cuando, en 2008, Vanity Fair encargó a la fotógrafa Annie Leibovitz unos retratos de Cyrus, en los que la artista apareció enrollada con una sábana.

Gary Mash, presidente de la sección de entretenimiento de Disney Channel, dijo entonces: "Muchos padres han invertido mucho en ella. Si ahora traiciona esa confianza, no la recibirá de vuelta". Cyrus tenía 12 años cuando comenzó a trabajar para Disney. Han pasado cinco años. El tiempo corre en su contra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 2010