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Crítica:LIBROS | Poesía

El árbol rojo

Décadas de discusión sobre la utilidad de la poesía se desvanecen en el aire con libros como este. El árbol rojo tiene un subtítulo más que explícito -'Versos para ceremonias laicas. 40 poetas ponen voz a nacimientos, bodas y funerales'-, lo cual no elimina la sencilla ceremonia de la lectura. El libro funciona a la perfección como respuesta a la intención cívica de llenar de contenido simbólico ciertos ritos y fiestas tradicionalmente arropados por una ceremonia religiosa, pero también funciona impecablemente como mera antología de poesía. Si prescindimos de su valor de uso, el libro podría también leerse como un repaso a los grandes temas de la literatura: el amor, la muerte, la vida, los ritos de paso... De hecho, el contenido propuesto por Andrés Rubio es el mejor posible: buena poesía. Y ya conocemos la clásica definición de un género indefinible: las mejores palabras en el mejor orden. De eso se trata. "Qué extraordinario, y qué difícil, atrapar las emociones con palabras. Por suerte, están los poetas", dice el arranque del prólogo. Los poetas, además, no son cualesquiera. Son, entre otros, Cavafis, Pessoa, Lorca, Neruda, Auden, Machado, Pizarnik, Rilke, Yeats y mucho Walt Whitman. Rubio los agrupa, anota y hasta traduce para completar una suerte de biblioteca portátil de nuestras emociones atrapadas en las palabras de otros. "Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien / Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío", dicen dos versos de Cernuda. La poesía sirve para eso, para pegarse caprichosamente a nuestra vida. Para eso nació. Las tesis doctorales vinieron después. Nadie tiene la culpa.

El árbol rojo

Andrés Rubio

Demipage. Madrid, 2010

130 páginas. 16 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de octubre de 2010

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