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El comportamiento maniaco-depresivo del ahorro

Uno de los fenómenos económicos asociados a la crisis actual más sorprendentes ha sido el espectacular aumento de la tasa de ahorro de las familias. Esta semana, el INE publicaba la contabilidad trimestral no financiera de los sectores institucionales, con datos hasta el segundo trimestre del año, y la sorpresa ahora es que, con la misma rapidez con la que aumentó, dicha tasa registra en lo que va de año un intenso cambio de tendencia a la baja [gráfico superior izquierdo]. ¿Cómo se explica esta conducta un tanto maniaco-depresiva de las familias españolas?

Hay muchos factores explicativos de las variaciones de la tasa de ahorro, pero quedémonos con tres: el efecto precaución (ahorro del miedo), las variaciones del patrimonio y las modificaciones fiscales que afectan a la renta disponible. Cuando comienza una recesión, las familias empiezan a ver el futuro con pesimismo, y eso les lleva a ahorrar más: de cigarras consumistas pasan a hormigas ahorradoras. La tasa de ahorro se comporta, pues, de forma contracíclica. Este es el factor explicativo principal. Pero también las modificaciones fiscales afectan a dicha tasa. Una bajada de impuestos en un contexto recesivo, como fue la deducción de los famosos y ya esfumados 400 euros en el IRPF, generalmente no provoca un aumento del gasto, sino que va a parar en gran parte al ahorro. Si a todo ello le añadimos la pérdida de riqueza asociada a la depreciación del patrimonio mobiliario e inmobiliario (efecto pobreza), se explica bien el aumento espectacular de la tasa de ahorro en 2008 y 2009.

La anticipación de compras por la subida del IVA en julio explica la caída de la tasa de ahorro
Los datos apuntan a una caída de dos o tres décimas del PIB en el tercer trimestre

Desde finales del pasado año, el PIB parece haberse estabilizado e incluso registra una tímida mejoría en los dos últimos trimestres. También la Bolsa se ha recuperado parcialmente desde sus mínimos de comienzos de 2009. Eso lo captan las familias, que siguen manteniendo una tasa de ahorro alta, pero que ya no la aumentan más. Incluso muchas, poco o nada afectadas por la crisis, empiezan a perder el miedo y a reactivar su consumo. Además se han eliminado parcialmente la deducción de los 400 euros y otras ayudas fiscales, y se ha subido la tributación de las rentas del capital, produciendo una disminución de la renta disponible y del ahorro. Por último, hay otro factor, este de carácter temporal. El efecto anticipación ante la subida del IVA en julio y la terminación de ayudas a las compras de ciertos bienes (automóviles) han provocado un fuerte aumento del consumo y, por tanto, un retroceso importante de la tasa de ahorro.

En el tercer trimestre, dicho efecto anticipación se está descontando. En el gráfico superior derecho vemos cómo dos de los indicadores más significativos del consumo de los hogares, las ventas al por menor y las matriculaciones de automóviles, están en tasas negativas. Es decir, el consumo ha caído y la tasa de ahorro habrá aumentado de nuevo, aunque, pasado este episodio, lo normal es que recupere una moderada tendencia a la baja.

El efecto anticipación señalado está detrás de la recuperación de la economía española en el primer semestre del año. Ahora bien, ello está provocando una recaída en el tercer trimestre, como era de prever. La mayoría de los indicadores apuntan en esta dirección, entre ellos los recogidos en los gráficos inferiores cuyos últimos datos se han publicado esta semana. La producción industrial media de julio-agosto registra una caída del orden del 4% en tasa anualizada respecto a la media del trimestre anterior. Los índices PMI de la industria manufacturera y de los servicios se han situado por debajo de 50, que marca la frontera entre expansión y recesión. El ritmo de caída intertrimestral de los afiliados a la Seguridad Social ha sido ligeramente superior en el tercer trimestre que en el segundo. El PIB ha podido caer, pues, dos o tres décimas, anulando el avance del primer semestre.

Estos malos resultados esperados para la segunda mitad del año explican las modestas previsiones de crecimiento que tanto los analistas privados como el FMI esta misma semana damos para 2011. Un crecimiento del PIB del 1,3% en media anual, como espera el Gobierno, supondría una reactivación muy intensa a lo largo del año, lo que es bastante improbable ante los muchos ajustes y saneamientos, entre ellos el fiscal, que están en marcha.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 10 de octubre de 2010.

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