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Reportaje:

El oficio de conversar

Educación ficha a 255 universitarios extranjeros para reforzar las clases de idiomas

Ninguno de ellos es profesor -muchos ni siquiera han terminado sus estudios universitarios - pero Monique Rad, Nathan Powell y Mendy Slaton tienen lo que la Xunta y los docentes quieren: el inglés como lengua materna y ganas de enseñárselo a otros. Junto a otros 255 compañeros (67 el curso pasado), se incorporan esta semana a las clases para ayudar a los estudiantes de infantil y primaria a mejorar sus competencias orales en una lengua extranjera. La mayoría vienen de países anglófonos - Estados Unidos, Reino Unido y Canadá- pero también habrá refuerzo de hablantes nativos de francés, alemán y, por primera vez, de chino para las escuelas de idiomas que ofrecen cursos de esta lengua. A cambio, recibirán 700 euros mensuales -tienen condición de becarios- y podrán mejorar sus conocimientos de español, que es lo que quieren todos.

Rosane Laplace, profesora jubilada, viene "para ayudar a los demás"

"Os intentarán tomar el pelo", advierte un maestro experimentado

"Por ahora sentimos mucha presión, porque queremos que los alumnos aprendan, es una responsabilidad", afirma Mendy Slaton, de 23 años, recién llegada de California. Su título de Relaciones Internacionales requería un buen manejo de un idioma extranjero. Slaton escogió el español, que pretende mejorar durante los ocho meses que pasará en un colegio de Pontevedra. No serán profesores en el sentido estricto de la palabra -estarán acompañados en todo momento de otro docente y no podrán hacer exámenes ni calificar a los alumnos - pero de ellos dependerá que los niños gallegos abandonen la lengua materna en la clase de inglés. No será difícil al menos en las primeras semanas, porque algunos de los auxiliares apenas hablan castellano. "Me cuesta bastante entender", asegura Nathan Powell, graduado en Historia en Carolina del Norte, que a sus 23 años se enfrenta por primera vez a una clase en la que además es el centro de atención. Los profesores con más experiencia advierten a los recién llegados. "Al principio os intentarán tomar el pelo", avisa un docente de Ames que ayer participaba en una reunión con los auxiliares de Ourense y Pontevedra para explicarles las exigencias académicas -y burocráticas- de su misión.

Más veterana es Rosane Laplace, jubilada en Canadá y hoy auxiliar de conversación en el CEIP Alexandre Rodríguez Cadarso de Noia. El suyo es el programa más llamativo de los iniciados este año por la Xunta para reforzar las secciones bilingües en los centros de enseñanza y los centros plurilingües inaugurados este curso amparados por el Decreto del gallego. "Estoy en una etapa en la que lo que quiero es ayudar a los demás", asegura Laplace, que al cumplir los 55 años pasó a formar parte de la plantilla de profesores sustitutos de su país, un peculiar sistema de prejubilación que este curso le dejó el camino libre para enseñar lejos su ciudad, en el Estado de Alberta. No se atreve a hacer comparaciones entre la enseñanza de idiomas en Canadá y Galicia, porque, en realidad, y pese a sus años de experiencia, es la primera vez que asiste a una clase de idioma extranjero. Buena parte de su vida profesional transcurrió en una pequeña localidad de 3.000 habitantes y le sorprende que a los colegios de Noia, con más vecinos, todavía estén llegando ahora las primeras pizarras digitales.

A Monique Rad, Deborah Bailey y Katie Medlicott representan la otra cara de la moneda. Ni siquiera saben si les gusta la enseñanza. Rad, nacida en California pero de madre mexicana, estudió Ciencias Políticas y Filosofía y viene a Galicia "para conocer otra cultura". El colegio de Sanxenxo que la acoge, explica Ana, la profesora de inglés que la tutela, tiene una sección bilingüe que afecta a la asignatura de Plástica. Entre esta materia y la de inglés pasarán Rad y sus compañeros las 12 horas semanales establecidas en el programa.

También servirán a las clases de Plástica Deborah Bailey y Katie Medlicott, británicas las dos. Bailey repite por segunda vez como auxiliar. El curso pasado estuvo en La Rioja y ya se sabe algunas lecciones. Al menos cumplió a rajatabla la primera de las recomendaciones de los técnicos de Educación. "El primer día les hice una presentación de mi familia y de mi país", cuenta. De su colegio de Verín le gusta "la energía de los niños" y que la enseñanza de idiomas es más temprana que en Reino Unido. "Yo empecé a estudiar castellano a los 14 años", cuenta. Con los años, eligió el español como carrera universitaria, que al estar centrada en una lengua le exige pasar al menos un curso en un país en que esta sea oficial. A los profesores-tutores también les beneficia la llegada de anglófonos. "Hace cuatro años que no hago ningún curso y con los niños la práctica del idioma es siempre limitada", reconoce. Con Deborah habla casi siempre en inglés. "En Reino Unido insisten mucho en el aprendizaje de la gramática y de la literatura, así que para aprender a hablar tenemos que venir aquí", explica Medlicott, una de las pocas que ya conocía Galicia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de octubre de 2010