Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:LA MAESTRANZA. FERIA DE SAN MIGUEL

La fiesta de los toros, a Sanidad

Quieren los toreros que la fiesta pase a depender del Ministerio de Cultura. Vana ilusión. Los toros deben estar incardinados en el de Sanidad, pues padecen enfermedades graves y dolencias que parecen incurables y necesitan cuidados muy intensivos. Y si en el ministerio trabajan psicólogos y psiquiatras, que atiendan, por favor, a los aficionados que quedan, que hay que tener la chaveta perdida para acudir tarde tras tarde a esta tristísima farsa en la que han convertido este espectáculo.

Lo ocurrido ayer en la Maestranza no tiene nombre, pero se resume así: si no hay respeto por el toro, difícilmente puede haberlo para el torero. Una ganadería titular, la de Zalduendo, de la que solo se anuncian cuatro toros y se lidia uno. Y la corrida se remienda con dos de Hermanos Sampedro, que no son toros para plaza de primera porque sus hechuras son de novillos; y salen dos más de Gavira, feos, como toda la corrida, e inválidos todos, y descastados y mansos. En fin, imposible empeorar.

ZALDUENDO/MORANTE, EL JULI, OLIVA

Cuatro toros de Zalduendo, -segundo, cuarto y quinto, devueltos-, mal presentados e inválidos; y dos -primero y tercero- de Hermanos Sampedro, chicos e inválidos. Dos sobreros de Gavira, mansos y descastados, y otro de Sampedro, inválido.

Morante de la Puebla: media estocada (silencio); pinchazo y pinchazo hondo (silencio).

El Juli: pinchazo y estocada perpendicular y baja (silencio); dos pinchazos y estocada (silencio).

Oliva Soto: pinchazo y estocada (ovación); dos pinchazos y un descabello (ovación).

Plaza de la Real Maestranza. Última corrida de la Feria de San Miguel. 26 de septiembre. Lleno.

Y al frente de la tropa, dos primeras figuras del toreo, Morante y El Juli, que se ríen a mandíbula batiente de los que pasan por taquilla al aceptar semejante caricatura de toro bravo. Y pasa lo que pasa: que hay desmayos por aburrimiento, que hacen falta doctores contra el sufrimiento de un espectáculo al que están matando entre los que debieran tener más interés en conservarlo con vida.

A Sanidad... Los toros, a Sanidad. No puede estar en Cultura una farsa de algo que en su día se consideró un arte y hoy es una miseria. Ya se pueden celebrar pomposos seminarios y congresos de alto postín intelectual; ya pueden configurarse mesas del toro y airearse banderas, que mientras no se resucite al toro bravo, esta fiesta tiene un serio, muy serio riesgo de pronta desaparición.

Y los toreros, las figuras, quienes mantienen este engaño, no pueden irse de rositas. Lamentable el paso por San Miguel de los señores Morante y Juli. No vale que el toro no sirvió; no vale que no hubo suerte. Lo que vale es que son parte y arte de una corrida podrida, y alguien debería pedirles responsabilidades.

Ciertamente, no tuvo Morante mimbres para hacer el cesto. Su primero era la representación más cañí de la desvergüenza torista. Un borrego lisiado, amuermado, sin vida, casi tan inservible como el cuarto, de la misma camada y nulas condiciones.

El Juli no pudo reverdecer aquí los laureles que ha ganado por ahí. Se le ve suelto y seguro, como no podía ser de otra manera, pero no tuvo un solo momento de gloria. Mató dos toros de Gavira, desclasados y muy deslucidos; se empleó con el primero, que presumía de andares cochineros, y abrevió con el muy violento quinto.

Afortunadamente, estaba Oliva Soto, sustituto del lesionado Manzanares, un chaval con andares de torero, con empaque y gracia, ilusionado y apasionado, que firmó detalles de categoría. Tiene personalidad y su toreo habla. Demostró firmeza, seguridad y hambre de triunfo. No redondeó su tarde por culpa de sus toros y su pésimo manejo del estoque, pero exprimió a sus dos oponentes y dejó un buen sabor de boca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de septiembre de 2010