diseño

La reivindicación de la terraza

Un nuevo edificio de oficinas logra conjugar la fachada homogénea y cerrada con los accesos al exterior

¿Cómo hablarle a la vez a la ciudad y al ciudadano? ¿Cómo cuidar el todo y las partes en la fachada de un edificio? Son muchos los inmuebles con vocación icónica que sacrifican sus posibilidades de uso en favor de una imagen homogénea, sin aristas. El precio de esa decisión, que permite una lectura más limpia de la ciudad y logra fachadas más contundentes, es que todas las plantas de un mismo edificio reciben un tratamiento similar (tengan delante un parque o una autopista, ocupen la altura del primero o del último piso). El resultado de un uso generalizado de las pieles de vidrio o las fachadas homogéneas ha derivado, entre otras cosas, en la paulatina desaparición de las terrazas, una pérdida muy poco sostenible.

Se trata de aumentar el bienestar de los trabajadores

La nueva sede de la comisión del Mercado de Telecomunicaciones (el primer edificio de la "descentralización administrativa" que anunció José Montilla cuando era ministro de Industria) se inaugurará en Barcelona en octubre. En línea con su tiempo, sus arquitectos, Enric Batlle y Joan Roig, han levantado, efectivamente, una fachada homogénea, sin fracturas. Sin embargo, los proyectistas han logrado rasgar esa fachada única con terrazas que reivindican una sostenibilidad realista de ventilaciones naturales y contacto físico (no solo visual) con el exterior, sin romper la unidad del edificio. ¿Dónde está el truco? Son las lamas horizontales de aluminio de tono cobrizo las que envuelven y pautan las cuatro fachadas del edificio, que, a su vez, se desdibujan con su perfil amorfo y escurridizo. Las líneas paralelas de las lamas actúan como una persiana de librillo: protegen del sol pero dejan entrar las vistas, ligan el volumen con la nave histórica del distrito barcelonés 22@, que el inmueble amplía, y permiten cerrar las terrazas superiores y las zonas de instalaciones al convertirse en marquesina de entrada en la planta baja.

Como casi todos los nuevos edificios de este antiguo barrio fabril barcelonés, el Poble Nou, reconvertido hoy en emblema de la sostenibilidad, el nuevo inmueble tiene calificación energética A. Pero además, en este edificio de caras facetadas y volumen singular, las fachadas se rasgan sin romperse para que los usuarios puedan no solo evitar enfermedades hoy habituales debido a la falta de ventilación natural, sino también disfrutar: acercarse a la ciudad sin perturbar su orden urbano ni plástico. "Más allá de ofrecer un espacio para los fumadores a los arquitectos muchas veces se nos escapa lo fácil que es conseguir el bienestar de los trabajadores si estos pueden abrir una puerta y ver un árbol y un pedazo de cielo o dejar entrar la brisa", explica Enric Batlle. Él y su socio Joan Roig llevan más de dos décadas diseñando parques y espacios públicos. Conocen la importancia del aire libre, las sombras, el contacto con la vegetación y los espacios que encuentran su definición en el uso que les dan los ciudadanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 26 de septiembre de 2010.