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Nanotecnología valenciana

Imagine un grano de café. Ahora uno de azúcar. Una célula sanguínea. Un virus. La nanotecnología trabaja a una escala aún menor. Digamos a la de un átomo de carbono; un plano en el que casi todas las propiedades de los materiales (magnéticas, de adhesión, de color...) se comportan de un modo distinto al que nos tienen acostumbrados. La nanotecnología se utiliza ya intensamente en el terreno de los materiales, la electrónica, la salud y la energía.

Su impacto en los procesos de fabricación se prevé tan decisivo que hace algún tiempo se ganó el eslogan de industria del siglo XXI. Y se calcula que en los próximos años demandará entre 10 y 12 millones de puestos de trabajo cualificados. La inversión es muy alta en Asia, especialmente en Japón y Corea del Sur, con Estados Unidos a la zaga, la UE más retrasada, y con China creciendo a una velocidad de vértigo.

Una avanzadilla empresarial utiliza la nueva disciplina en su producción

¿Qué se está haciendo en la Comunidad Valenciana? "Hasta la fecha las oportunidades de desarrollo de la nanotecnología han sido muy limitadas", señala el informe sobre su situación en la comunidad autónoma presentado ayer en la sede de la patronal, Cierval, por Francisco Negre, director de Espaitec (el parque científico de la Universidad Jaume I de Castellón) y Juan Antonio Bertolín, responsable del área de innovación. "Sin embargo, la región tiene la oportunidad de un futuro potencial mucho mayor"; "hacer que parte de ese futuro suceda en la Comunidad Valenciana no será fácil, pero tampoco será imposible", añaden los autores.

Existen, de hecho, aplicaciones nanotecnológicas que están siendo comercializadas por un puñado de empresas valencianas. Es el caso de las tejas autolimpiables que fabrica La Escandella, una firma con sede en Novelda. Gracias al recubrimiento nanoestructurado basado en partículas de óxido de titanio, los vegetales no pueden crecer sobre ellas, la suciedad no se adhiere y basta con la lluvia para arrastrarla. La empresa Nanobiomatters, en Valencia, trabaja en la producción de envases con las llamadas propiedades barrera (frente a la humedad y los gases), basadas en nanoarcillas. En Almassora, Ferro Spain, aplica la nanotecnología en procesos de producción cerámica. Y el Centro de Tecnología Nanofotónica de la Politécnica de Valencia, por su parte, ha creado nanoetiquetas ideadas para evitar falsificaciones.

El número de empresas valencianas dedicadas a la nanotecnología es todavía escaso. Los autores del informe encontraron 22. El territorio cuenta, a la vez, con una avanzadilla en el campo científico, con varios grupos de excelencia (entre ellos, los de Avelino Corma, Eugenio Coronado, y Javier Martí) en las universidades e institutos valencianos. Negre y Bertolín recomendaron ayer iniciativas que refuercen a los grupos conectándolos y faciliten la transferencia al tejido productivo creando, por ejemplo, un Centro de Nanotecnología Aplicada. El secretario autonómico de Industria, Bruno Broseta, respaldó la idea, pero no le puso fecha. Y añadió: "Las restricciones presupuestarias van a durar. Así que no podemos pensar en grandes infraestructuras que cuesten cantidades importantes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de septiembre de 2010