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estereotipas

'Prete woman'

Sigo una política de ajuste total. En el trabajo los tíos me llaman dostallasmenos.com. Porque estoy en línea y porque voy que me salgo, dicen, qué ricos. Ellas van al grano. Que soy una tía Extra Ordinaria, me escupen a la cara, las víboras. Se creen que no capto la indirecta. Ya te digo. Les leo las mayúsculas en los ojos. Y la envidia. Serán muy finas, pero no las mira ni el marido. Y a mí se me ponen firmes hasta los guardias. Yo les paso revista y ellos me presentan armas. Y disparan. A dar.

Tuve mi época elegante y ya ves para qué me sirvió. La culpa fue de un pijo que me levanté en una discoteca. Que era un diamante por refinar, me dijo. Y yo me lo creí. Lo de que menos es más y todo eso. Mucho vestido suelto, mucho camel, mucho tono sobre tono. Blanco y negro a discreción. Así acabé. Negra. Después de 10 años, con fecha de boda en Los Jerónimos, el Borjita se lió con una monitora del gimnasio más prieta que una morcilla de Burgos y nos plantó a mí y a mi estilazo. Así que dije aquí estoy yo. Y volví a mis raíces. Fue volver a teñirme de platino y apretarme los machos y pasar de ser invisible a quitarme los moscones a manotazos. Los amigos de Borja me acosaban. Sus novias me hicieron el vacío. Parla Hilton, me pusieron, qué cosmopolitas. Se le escapó a una tal Mencía una noche que se pasó de cosmopolitans. Pues sí, a mucha honra. Para orgullosos, los de Parla. Mira Tomás Gómez. A lo hecho, pecho.

Yo iré justita, pero anda que no hay estrechas. Que no quedan tíos, dicen. Será por hombres. Lo que pasa es que hay mucha tiquismiquis. No se le puede poner pegas a todo. Si te emperras en que no te gustan los chinos, por ejemplo, ya te estás espantando tú sola a 700 millones de candidatos. O los morenos. O los rubios. O los viejos. O los jóvenes. Mis amigas separadas me llaman la ADSL porque tengo la banda muy ancha, pero peor es lo suyo. Esas viven Apagadas porque están siempre Sin Cobertura.

Hay que estar abierta a todo. Y a todos. Si ellos están deseando. En cuanto les dices ven, lo dejan todo. En mayo vi a un pipiolo monísimo dando vueltas por el aparcamiento del Ikea. A la tercera que coincidimos en la rotonda, le levanté una ceja y se me pegó al guardabarros. Ahora no me lo quito de encima. O de debajo, que en la variedad está el gusto. Lo malo es que lo mío es la transparencia. Indumentaria. E informativa. Se lo conté a la de centralita y ahora me llama Mrs. Jones hasta el jefe. Pobre Hilaria, no sabe que su marido se la pega con la becaria. Esa se queda como la Clinton para los restos, ya me encargo yo. Como que me llamo Jessica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de agosto de 2010