Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Verano húmedo

LENGUAS

Baila con desconocidos a los que luego invita a su piso. Como es extremadamente guapa, los desconocidos aceptan pagar el taxi. Es un viaje que de repente se hace inesperadamente largo: Desde la discoteca a un piso de protección oficial de los años cincuenta. Un piso de arrabal. Pero ella es tan extremadamente hermosa, tan joven. Lleva un ancla tatuada en un hombro y un clavel en el cuello. Sus ojos son azules y prometen con precisión una felicidad dura. Lleva sandalias de diseño, que en modo alguno hacían presagiar ese piso. No aclara nunca el asunto del piso y luego es ya tarde. El bolso es muy mono. Es un bolso caro que tampoco hace presagiar un piso de protección oficial de los años cincuenta del siglo pasado. Huele tan bien. Huele a Allure de Chanel. Habla de sus amigas, de muchas amigas, de amigos, de su jefe, de su trabajo. Alguien que habla de tantas personas no debería tener un piso así, un piso que supuestamente debería pertenecer a alguien que no habla de nadie, que no puede hablar de nadie y que no puede albergar ni la ilusión de tener un jefe. Dice que es directora de una revista de moda. Es entonces, cuando dice lo de directora de una revista, cuando se puede llegar a pensar que el piso esté muy reformado por dentro, que sea un piso de diseño. Pero las escaleras, el patio, los buzones, una bici destartalada, deshacen esa ilusión. Nada más abrir la puerta del piso esa ilusión se corrompe. Hay un póster en el recibidor. Es el póster de una película. La película es The Wicker Man. Pero entonces ella te da un beso, un gran beso lleno de luz y de sed. Y los ojos hablan. Hay dos idiomas. Ella habla con la boca y habla con los ojos. Hay tres idiomas. Ella habla también con las manos. Unas manos con las que solo se puede hacer el Bien.

Entráis en el dormitorio. La cama está sucia y se ve un colchón de espuma, viejo, roto. Las paredes desconchadas. Pero entonces ella ya se ha desnudado. Y al contemplar su cuerpo vemos una autopista, una circunvalación, un túnel de lavado de coches, una gasolinera abandonada. Y sin embargo, lleva un tanga perfecto. Y entonces arroja a su enamorado a la cama. Y se oyen unas voces que suenan debajo de la cama, justo debajo de los doblados muelles. Unas voces humanas. Y se oye un despertador de cuerda que suena dentro de la mesilla. Y ella habla cuatro lenguas: la lengua de su boca, la de sus ojos, la de sus manos y la de las autopistas de su cuerpo roto. Y está la quinta lengua. Y preguntas por la quinta lengua. La quinta lengua es el idioma en que están hablando los seres que murmuran debajo de la cama. Ella dice que son dos. Y es imposible no mirar debajo de la cama. Tan imposible como no bailar con desconocidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 2010