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me cago en mis viejos III

Veinte

Y llega la puta Navidad, todo llega, ya me lo decía mi viejo cuando hacía el Bachillerato: la realidad siempre nos alcanza. La realidad, entonces, eran los jodidos exámenes. Ahora es el jodido 25 de diciembre, fun, fun, fun. Casi no salgo del chabolo por no ver las lucecitas ni los papás noeles ni escuchar los villancicos de El Corte Inglés, ni tropezar con los mendigos, que en estas fechas me recuerdan mi futuro más que en cualquier otra. 25 de diciembre, fun, fun, fun. El pez no se entera de nada, suerte que tiene el bicho. Dedica la mayor parte del día a la respiración, es un artista de las branquias. Hablando de branquias, me timbra mi vieja, dice que va a preparar una cena familiar el 24 y que cuentan conmigo. No sé decir que no, de modo que ahora soy ese gilipollas que llama a la puerta de sus viejos el día de Nochebuena. Les llevo de regalo, para joder, Me cago en mis viejos II, por si no se han enterado de su publicación. Mi viejo lo hojea y se limita a preguntar por qué este año no lleva ilustraciones. Por la crisis, digo, y nos quedamos en silencio. Luego coloca el libro sobre la Larousse y lo empuja, para que se caiga detrás de la enciclopedia, fingiendo que lo ha hecho sin querer. Mañana lo saco, dice, y entonces llegan mi hermana, su novio y mi sobrino. Besos fríos, holas helados, caricias de reglamento, preguntas de formulario, sonrisas imbéciles. Mi vieja va y viene llevando cosas de la cocina al salón, a veces se lleva las que ha traído o trae las que se ha llevado.

Nos sentamos a la mesa en un ambiente fúnebre de la hostia
Más información
Me cago en mis viejos I, por Carlos Cay
Me cago en mis viejos II, por Carlos Cay
Me cago en mis viejos III, por Carlos Cay

Nos sentamos a la mesa en un ambiente fúnebre de la hostia. El único que hace algo por aliviar la situación es el novio de mi hermana, que, mira por dónde, ahora me parece un tío legal. De repente, y sin venir a cuento, en mitad del cordero, mi vieja se echa a llorar y, mirándome como la vecina de las muñecas, grita entre lágrimas: ¡¡Pero tú te has visto lo delgado que estás!! No estoy delgado, digo yo, es que soy medio invisible. Es pronunciar la palabra invisible, y comenzar a desmaterializarme por el estómago. Pero esta vez pierdo el conocimiento y oigo, a lo lejos, la voz de mi viejo. ¿Qué pasa?, dice. 25 de diciembre fun, fun, fun, respondo yo antes de desaparecer del todo.

EDUARDO ESTRADA

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