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Reportaje:Exposición

Cosmonautas del arte-ficción

Una muestra examina el impacto de la conquista espacial en las vanguardias rusas

En 1957 el lanzamiento del satélite artificial Sputnik inició la carrera de la conquista del espacio. Los soviéticos lo construyeron en forma de pelota de fútbol porque pretendían obtener la sede del Mundial de 1958. Finalmente se celebró en Suecia y fue el primero en ser retransmitido íntegramente por televisión. Los dos hechos, el lanzamiento del satélite y la retransmisión, marcaron el comienzo de una nueva era. Un tiempo de ciencia ficción que grandes artistas de la vanguardia rusa prefiguraron a principios de siglo. Eran obras que, incluso con un lenguaje abstracto, reflejaban el vuelo de los primeros aviones y anticipaban los experimentos espaciales que tendrían lugar años después. Lo demuestra la exposición El cosmos de la vanguardia rusa: arte y exploración espacial, 1900-1930, que analiza la estrecha relación entre el arte y la ciencia rusa antes y después de la Revolución de Octubre de 1917.

La muestra, en la Fundación Botín de Santander hasta el 19 de septiembre, reúne más de un centenar de obras, entre pinturas, dibujos, pósteres, fotografías y libros de la época, que ponen de relieve la fascinación por el cosmos de los artistas rusos, así como su clarividencia. El montaje resulta especialmente atractivo, ya que junto a las obras de los creadores soviéticos que modificaron el curso de la historia del arte, se exhiben objetos originales relacionados con las primeras investigaciones espaciales. Se trata de una excepcional ocasión para ver piezas del Museo de la Cosmonáutica de Moscú, como reproducciones de Aviavnito, el primer cohete estratosférico experimental de 1936 o el célebre Sputnik, que se incendió tras funcionar 92 días y dar 1.400 vueltas a la Tierra.

El interés de los artistas e intelectuales soviéticos por el cosmos y su conquista se pone de manifiesto también en los carteles publicitarios, que promocionan las pujantes escuelas de aviación y anuncian películas de títulos sugerentes como Las alas del esclavo, El viaje cósmico o El cielo nos llama (que se proyectan en el marco de las actividades complementarias de la muestra) o la ópera futurista Victoria sobre el sol, con escenografía de Malévich.

La relación entre la investigación astrofísica y cosmonáutica y las obras de la vanguardia resulta evidente en las ciudades flotantes del arquitecto Georgii Krutikov, los dibujos de zepelines y ovnis de Solomon Nikritin y el ala aerodinámica del planeador Letatlin, último proyecto visionario de Vladímir Tatlin, fundador del constructivismo. Sin embargo, también las pinturas de corte más abstracto resultan muy evocadoras. "La tendencia a representar lo irrepresentable se materializa en las composiciones abstractas de Kandinsky, Natalia Goncharova y Olga Rozanova. A pesar de sus asociaciones metafóricas, el Círculo negro que Malévich repitió en varias versiones, parece ser la representación literal de un eclipse total, mientras que las misteriosas convergencias planetarias que generan este fenómeno se plasman en la obra Esfera de color y círculo, de Rodchenko", aseguran los comisarios de la muestra, John Bowlt, de la Universidad de Los Ángeles, Nicoletta Misler, de la Universidad de Nápoles, y Maria Tsantsanoglou, del Museo de Arte Contemporáneo de Tesalónica.

Como en un juego de adivinanzas gráficas, el visitante puede desarrollar sus propias interpretaciones delante de los dibujos suprematistas de Malévich que recuerdan imágenes de satélites utilizados para fines militares y las pinturas blancas de Pavel Mansurov, que evocan las trayectorias balísticas y el vuelo de los aviones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de agosto de 2010