Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Historias de rock urbano

Los pioneros Topo reivindican con un concierto en Lavapiés la época de los billares

Topo acaba de recordar su primer local de ensayo. Lo cuentan entre risas porque el episodio tiene su gracia. Fue en una pescadería de Vallecas regentada por un tal Venancio. "Olía a pescado que era insoportable", cuenta el grupo. "Era un espacio estrecho, pegado a la pescadería, con unas paredes muy incómodas. Así que decidimos tirar alguna. Cuando entraba Venancio, preguntaba: '¿Ahí no había un tabique?'. Nosotros como si nada: seguíamos derribando aquello. Al final se percató de la jugada el pobre hombre porque casi le tiramos abajo el local". Más risas. La historia data de 1978 y tiene su importancia: en esa pescadería de Venancio se creó el rock urbano.

El guitarrista y cantante Lele Laina, 58 años muy bien llevados, y el bajista y vocalista José Luis Jiménez, 60 años y el poco pelo que puebla su cabeza teñido de rubio ("me convencieron los amigos, para tener una imagen más moderna", argumenta sin entusiasmo), están sentados en una terraza de Lavapiés, esperando para tocar dentro de las fiestas de San Lorenzo del distrito Centro. El concierto es en la calle Argumosa y gratis. Ellos, junto a otros pocos valientes, pusieron los cimientos del rock urbano, primero con el disco debú de Asfalto (¿Hace falta citar canciones?: Días de escuela, Capitán Trueno, Ser urbano...) y luego con Topo (más clásicos: Vallecas 1996, Mis amigos donde estarán...). Un dato más: cuando ellos ya hablaban de "arreglar el mundo a golpes de futbolín" Rosendo todavía no había formado Leño. Un respeto, pues.

La biografía de la banda está marcada a fuego en las calles de Madrid

Dos de los cuatro componentes del grupo murieron a causa del alcohol

La noticia es que Topo todavía siguen vivos después de 32 años (se formaron en 1978) y que conservan a sus dos jefes creativos. Los otros dos, el batería Terry Barrios y el teclista Víctor Ruiz, perdieron la vida por las consecuencias del alcohol, el primero en 1992 y el segundo hace tres años. "Se bebieron el mundo. Nos poníamos a ensayar a las 11 de la mañana y a las 12 ya llevaban tres chinchones cada uno. Pero luego tocaban de la hostia", dice Jiménez.

Su historia está marcada a fuego en las calles de Madrid. Eligieron el nombremientras paseaban por El Retiro; su logotipo es el mismo que el del metro; la fotografía interior de su legendario primer disco, Topo (1979), está disparada en el antiguo puente de Ventas; compusieron en 1977 una visionaria Vallecas 1996... y soñaban con cambiar el mundo mientras jugaban en los billares de los bares. Pobre ilusos... "Sí, éramos muy rojos, trotskistas. Y lo seguimos siendo, pero la clase política está podrida. Creemos en cambiar el mundo desde el lado ecologista", comentan.

La vida de Topo ha transcurrido a machetazos, con sus años dorados a finales de los setenta ("aquella época nos huele a felicidad"), con su periodo negro ("llegó la Movida y nos hicieron desaparecer") y sus amagos posteriores (ahora nos reunimos, ahora no). Los dos han vivido siempre de la música: Lele tocando en garitos y produciendo, y José Luis con una empresa de equipos de sonido. Anoche sonaron sus temas setenteros para felicidad de los cuarentones espectadores. Al fondo de la calle se servían hamburguesas de kebab, salchipapas y se bailaba la bachata que escupían los chiringuitos. Cosas de la calle en 2010.

En realidad era un local contiguo a donde este buen hombre despachaba mejillones y bacalaos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de agosto de 2010