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TEATRO | La semana por delante

La raza de Pavlovsky

"Amo este oficio mío, de buscar el camino / por medio de palabras con pasos vacilantes... / y mi regreso, en el límite justo / del día y de la noche, / será siempre, el regreso de una extraña oficiante, / cuya dicha, acaso por inmerecida, la hiere, / la convoca en soledad".

Son versos de Ángel Pavlovsky, un personaje al que más que actor deberíamos llamar fenómeno escénico. A mitad de camino entre showman de cabaret berlinés (de los años treinta, claro), monologuista improvisador y lúcido (a la manera de Rubianes o El Brujo, nada de petardeo televisivo), vedette dominadora de la pista y el requiebro (más cerca de Loles León y el Gran Jonson que de Norma Duval) y consultora sentimental (perspicaz, deslenguada si hace falta y opuesta a la señorita Francis). Y hombre. Y mujer. No por travestismo, sino por su capacidad de ser ambas cosas.

Quien le haya visto sabe de qué hablamos. De lo contrario, y sobre todo si se es joven, hay que acercarse a la sala pequeña del teatro Español a ver Angelhada, porque de estos no quedan. Su raza tristemente se extingue.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2010