Columna
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Poco ruido y mucho iluminado en el Carme

Valencia siempre gira hacia la Ciutat Vella a destiempo. La inminente declaración de la zona ZAS pone una vez más en el debate el futuro del centro histórico, que ha sobrevivido gracias a las iniciativas de vecinos y comerciantes. Esa minoría que ha querido hacer del Carme un balneario ha hecho mucho ruido, pero se ha labrado a pulso el descrédito. Porque como ha recogido recientemente una encuesta realizada para el PSPV-PSOE sobre Ciutat Vella, las preocupaciones de sus residentes son la falta de aparcamiento (46,3 %); más zonas verdes (28,7%); el exceso de suciedad (27,9%); las fachadas y viviendas en mal estado (27,4%); el tráfico (23,3%); la mala gestión municipal (18,9%); la poca presencia policial (16,8%); la falta de comercios (14,8%) y finalmente el ocio nocturno (14,2%).

Una minoría que quiere hacer del barrio un balneario solo se preocupa del ocio nocturno

Así que algunos quieren reducir los problemas de Ciutat Vella a una de las últimas preocupaciones vecinales. Allá ellos, pero el equipo de gobierno del Ayuntamiento ha sido más mirado, y en medio de la guerra numantina para mantener las terrazas de la playa, no podía hacer lo contrario en el Carme. Por cierto, parece mentira cómo la oposición municipal es incapaz de sacar conclusiones positivas de sus propios sondeos y sigue con el síndrome de Estocolmo de una asociación minoritaria y sectaria, que solo pone el grito en el cielo sobre las terrazas. Hablemos, pues.

Un centro histórico es la convivencia del vecindario, de la historia, del comercio urbano y de los servicios de hostelería. Así, toda Europa aprovecha las plazas para instalaciones de servicios al aire libre, incluso en aquellos sitios donde ven muy poco el sol. Pero en Valencia, con unas características climatológicas especiales, parece que nos gusta tirarnos piedras entre nosotros. Todo el mundo que traslada su residencia a los centros de las ciudades sabe perfectamente lo que hay. Lo curioso es que aquí, encima, los nuevos pseudoprogres quieren cambiarlo todo, eso sí imponiendo su criterio. Aunque eso suponga la discriminación de la hostelería, que cumple a rajatabla con todas las normas municipales.

Las terrazas de Ciutat Vella representan el 40% del volumen de venta de la hostelería en la zona, y su reducción tendrá consecuencias reales, como el cierre de locales, reducción directa de puestos de trabajo de los que sobrevivan (no menos del 15% de las plantillas), además de la reducción de impuestos municipales y generales, como reducción de compras de consumo, especialmente en el Mercat Central.

La realidad actual es la concurrencia de visitantes que buscan servicios integrales, o sea, hacer la compra en tiendas singulares de la Ciutat Vella, poder hacerse un vermut, comer o cenar, y una última consumición en una terraza en agradable conversación. Todo eso sin traslados en coche, por tanto, tranquilamente.

¿Han pensado seriamente estas consecuencias, tanto nuestros políticos municipales, así como esa asociación de Amics del Carme? ¿O son más bien enemics del Carme?. No sabemos a cuántos representan, pero solo en una semana se han recogido ya más de 300 firmas de vecinos, sí, vecinos, que son partidarios de no reducir los horarios de las terrazas, y sí de abordar los otros temas prioritarios.

Por si no fuera suficiente, los datos de los sonómetros instalados en el barrio manifiestan débiles subidas entre las 23.00 y la 1.30. Y encima son manifiestamente inferiores a las recogidas en la plaza del Ayuntamiento, la calle de Colón o las Grandes Vías. ¿Se aplicarán en esas zonas las mismas medidas?

Seamos serios, Después de esto, ¿quién puede pronunciarse a favor de la reducción horaria de las terrazas? Y lo dicho, los balnearios nunca están en los centros históricos, ni en Valencia, ni en ningún lugar del mundo.

Joan Antoni Rodilla es presidente de la Federación del Comercio de la Unión Gremial de Valencia.

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