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Análisis:SUDÁFRICA 2010 | Holanda-España, gran final del Mundial

España: así solía jugar Holanda

Una nueva sensación recorrió mi cuerpo el martes en Ciudad del Cabo mientras veía cómo alcanzaba la final del Mundial el equipo del que soy aficionado: una sensación de vergüenza. No me sentía avergonzado porque Mark van Bommel lograra el mayor índice de faltas merecedoras de tarjeta amarilla de la historia de los Mundiales desde Claudio Gentile, ya que obstruir astutamente a la gente siempre fue fundamental en la tradición futbolística holandesa. Lo que me molestó fueron más bien los atentados a la tradición holandesa. Teníamos a Johnny Heitinga mandando el balón a saque de banda como un central británico allá por 1985. O los torpes pases en línea entre los defensores, como si fuéramos disfrazados de Inglaterra. Y a Boulahrouz moviéndose con la pesadez de un cavernícola en el lateral derecho, una imagen que me hizo pensar por qué no me habrían llevado a mí en vez de a él.

El fútbol holandés es el de las derrotas gloriosas. El equipo actual es diferente

No soy holandés pero mi padre trabajó en Holanda y por eso me crié allí. Espero que este equipo acabe con nuestra costumbre de perder finales de Mundiales pero, incluso si lo hace, lucharé para que ocupe un lugar de honor en la tradición futbolística holandesa.

En Holanda todo el mundo se cría con las historias de 1974, así que cuidémonos de los recuerdos optimistas, pero basándonos fríamente en los hechos, aquel equipo era muy superior a éste. No era solo Johan Cruyff. Gran parte del equipo del 74 provenía de la formación del Ajax que acababa de ganar la Copa de Europa tres veces seguidas. La Holanda del 74 le marcó cuatro goles tanto a Argentina como a Bulgaria, superó a Brasil y jugó un fútbol total aunque ellos nunca lo llamaran así. Solo el portero, Jan Jongbloed, un semiprofesional que tenía una tienda de puros y de cañas de pescar, no era una leyenda y nos falló.

Es cierto que el equipo de 2010 a veces tiene un tufillo a 1978. Había pocas expectativas al principio y luego el largo viaje hacia el sur, sin las hordas de aficionados vestidos de naranja que normalmente son básicos en la tradición holandesa ("Mamá, estoy sentado aquí", decía una inusual pancarta holandesa en Ciudad del Cabo).

Tanto en 1978 como ahora hacía el frío de los Mundiales en invierno. Han recorrido el mismo camino sencillo hasta la final. En ambas ocasiones, Holanda llegó a ella derrotando a un solo equipo puntero: Italia en 1978 y esta vez, Brasil. Existía la misma confianza en los tiros afortunados de larga distancia. Sneijder ha desarrollado una novedosa técnica para que los defensas desvíen sus tiros a la red (tres veces hasta ahora) y cuando Gio van Bronckhorst realizó un remate de 40 metros a la escuadra de Uruguay, muchos aficionados holandeses trataban de recordar si lo había hecho alguna vez en el lamentable Feyenoord de Rotterdam.

También en 1978, algunos de los jugadores que participaron en la final del Mundial estaban lejos de ser figuras. No sé cómo, Jongbloed lo hacía por segunda vez, jugó Jan Poortvliet (que más tarde asombraría a sus compañeros de equipo de los pequeños clubes franceses cada vez que revelaba ese dato), y nuestro gol del empate lo logró de cabeza un florista a tiempo parcial, Dick Nanninga. Pero muchos de los jugadores de 1974 seguían allí. Cualquier defensa encabezada por Ruud Krol supera al grupo actual.

El fútbol holandés es el de las derrotas gloriosas: 1974, 1978, 1992, 1998, 2000 y 2008; y una vez, en 1988, casi por casualidad, de la victoria gloriosa. El equipo actual es diferente. Es verdad que mantiene un aspecto básico de la tradición holandesa: una excelente interpretación del pase y de la posición. Los holandeses pueden demostrar más inteligencia que los brasileños, los argentinos o los ingleses. Bert van Marwijk, el seleccionador, lo resumió al principio: "Creo que causamos una impresión bastante estable".

Y Holanda tiene algunos jugadores de talento. Antes del torneo, Sneijder, Arjen Robben, Robin van Persie y Rafael van der Vaart se hicieron merecedores de la etiqueta colectiva de Het Talent, el talento. Por desgracia, en Sudáfrica solo ha aparecido uno y medio más o menos. Van Persie ha demostrado que no es un ariete. Van der Vaart perdió su puesto cuando Van Marwijk decidió que solo necesitaba a un bajito sin ritmo en el centro del campo y le dio el sitio a Sneijder.

Sneijder, reconozcámoslo, ha estado a su mejor nivel: un jugador de pase en la tradición holandesa y quizás el mejor jugador ambidiestro desde Andy Brehme. Y Robben ha tenido sus momentos. Se perdió casi toda la primera fase debido a una lesión, y luego, contra Eslovaquia, rompió hacia el centro desde la derecha y marcó con la izquierda. Todo el estadio sabía que iba a romper desde la derecha y que iba a tirar con la zurda, y aun así resultó imparable, en parte porque parece capaz de cambiar de ritmo en cada zancada. Luego, pareció atenazado por los nervios durante la mayor parte del partido de Uruguay, pero sus actuaciones especiales han estado bien. El hecho de que el Real Madrid se deshiciera de él y de Sneijder el verano pasado resulta más curioso cada día. Aún así, Sneijder y algún que otro retazo de Robben no son suficientes para una gente criada con la gloria. No es sorprendente que Johan Cruyff haya renegado de Holanda y haya abrazado a España en su lugar, aunque seguramente los celos tuvieran algo que ver.

Pero los que se han quedado en Holanda no necesitan gloria esta vez. Los índices de audiencia de los partidos del equipo nacional son siempre extraordinariamente altos, entre los más altos del mundo con relación a su población, pero el partido de Uruguay batió el récord. Presuntamente 12,3 millones de holandeses, más del 75% de la población, vieron al menos parte del partido. Acto seguido bailaron en los carriles-bici. El ex seleccionador holandés Dick Advocaat, que fue a ver una sesión de entrenamiento en Johanesburgo al principio del campeonato, expresó el nuevo ánimo nacional: "Todo consiste en ganar. Si se consigue practicando un fútbol de ataque, está bien".

Los holandeses quieren que los Oranje venguen su propia tradición ganando el domingo. Por desgracia, el equipo seguirá probablemente la tradición y perderá su tercera final, esta vez frente a una gente que juega como solían hacerlo los holandeses.

Simon Kuper es periodista del Financial Times especializado en temas futbolísticos y coautor del reciente libro ¡El fútbol es así!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de julio de 2010