Crítica:TEATRO | TURISMO INFINITOCrítica
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Por las revueltas de Pessoa

¿Cuántos hombres pueden habitar en un solo cuerpo? Hay maridos con dos familias que nada saben la una de la otra, agentes secretos dobles y triples, y escritores cuyo lóbulo frontal ignora lo que se está cociendo en el occipital. En el caso de Fernando Pessoa, además, su ventrículo izquierdo sentía diferente que el derecho: mientras uno sufría un arrebato lírico, el otro tenía saudade. Su corazón era capaz de bombear simultáneamente los torrentes sanguíneos del ensoñador contable Bernardo Soares, del airado ingeniero naval Álvaro de Campos, del quimérico poeta sensacionalista Alberto Caeiro y de él mismo, que compartía con todos ellos sistema respiratorio, digestivo y nervioso.

TURISMO INFINITO

A partir de textos de Pessoa. Dramaturgia: António M. Feijó. Dirección: Ricardo Pais, con la colaboración de Nuno Cardoso. Producción: Teatro Nacional São João. Matadero, del 17 al 20 de junio.

En Turismo infinito, el autor António M. Feijó plantea un atractivo viaje por la poesía de Pessoa y de sus heteróni-mos, que en la puesta en escena de Ricardo Pais (asistido por Nuno Cardoso) aparecen todos en el mismo plano, como ensueños de un durmiente en fase REM, encajonados en un espacio escénico abierto pero progresivamente opresivo conforme confluyen allá al fondo la formidable rampa del suelo con un techo inclinado de proporciones similares. Viajamos entre la escarcha del poeta, por un espacio mental.

Aunque el espectáculo del Teatro Nacional São João de Oporto es de una factura poderosa, modelada por el escenógrafo Manuel Aires Mateus y por las trochas de luz que en la tiniebla virgen abre Nuno Meira, la entidad de lo que nos llega por el oído acaba desbordando la de lo que vemos. La potencia visual de estos versos devora la de cualquier imagen real superpuesta: los momentos más eficaces de Turismo infinito son, pues, los resueltos con mayor sencillez, los que están más cerca del recital que del oratorio que, en definitiva (creando cierta dinámica en el estatismo, a la manera de Robert Wilson), han montado Pais y su equipo.

Turismo infinito pica alto: es Pessoa por exceso. A la palabra tonante de Álvaro de Campos, por ejemplo, le sobra, en cierto momento, un fondo sonoro redundante. Entre lo mejor, la polifonía de la lengua portuguesa que crean sus afinados intérpretes. Los sobretítulos, de un naranja desmayado, sin luminosidad suficiente, incomodaron o dejaron ayunos de sentido a un puñado de espectadores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 19 de junio de 2010.

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