Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:ESPECIAL FERIA DEL LIBRO DE MADRID / El libro de la semana

Excepcionales intermedios de Thomas Mann

El autor de La montaña mágica y Los Buddenbrook escribía sus relatos y novelas cortas -entre ellas, La muerte en Venecia- en el tiempo que transcurría entre sus obras extensas. Al igual que sus grandes novelas, están llenos de música y filosofía, de reflexiones sobre lo apolíneo y lo dionisiaco, y se leen sin pausa. Ahora se publican en un volumen único

Hay que celebrar esta magnífica edición de los relatos y las novelas cortas del gran Thomas Mann (1875-1955) como un acontecimiento editorial. Reunida en un solo tomo encontramos la literatura breve del autor de La montaña mágica, dispersa hasta ahora en varios volúmenes, algunos descatalogados. Llamar "cuentos" a la narrativa breve de Mann resulta un tanto inapropiado y puede prestarse a equívocos; más acertado es hablar de "relatos y novelas cortas". Desde las primeras narraciones del joven Mann, tan frescas como La voluntad de ser feliz o Glaudius Dei, con las que debutó en revistas literarias, hasta el último relato de cuantos publicó, ya al final de su vida, La engañada, el estupendo retrato psicológico de una dama menopáusica enamorada, el volumen contiene asimismo los emblemáticos Tonio Kröger y Tristán, así como La muerte en Venecia, la novela breve que más fama continúa granjeando a su autor e inspiradora de la melancólica película de Visconti. Junto a estos encontramos Señor y perro, La ley y Las cabezas trocadas, historias menos célebres que las anteriores; lo mismo que esa delicia de narración anecdótica tan significativa titulada Desorden y dolor precoz.

Cuentos completos

Thomas Mann

Traducción de Nicanor Ancochea,

Francisco Ayala, Joan Fontcuberta, Juan

José del Solar, Oliver Strunk y Rosa Sala

Edhasa. Barcelona, 2010

952 páginas. 29,50 euros

En 1898, Thomas Mann publicó en la editorial Fischer su primer tomito de relatos titulado El pequeño señor Friedemann. El editor quedó tan encantado con aquella colección de historias breves que lo animó a que escribiera algo de mayor envergadura, y tres años después saltó a la fama con Los Buddenbrook, una novela extensa y excepcional que conmocionó al público de la época. Con el éxito inicial como escritor, Thomas Mann se consagró a la literatura. Su extraordinaria cultura y su sensibilidad dotaban a sus obras narrativas de una vigorosa altura dramática sólo comparable a la alcanzada en el siglo XIX por autores como Maupassant, Chéjov o Dickens, pero desconocida en Alemania, donde después de Goethe, Mann marcó un punto de inflexión y se erigió en representante de una "germanidad" a la que siempre trató con suma ironía y de la que se mofó con la más absoluta seriedad.

Sus novelas más extensas se leen sin pausa, al igual que los relatos, que remiten a un mundo propio pleno de sugerencias existenciales y estéticas. Miembro de la gran burguesía decadente, podrida en lo interior y refinada en lo externo, Mann planteó en su obra agudos problemas en nada ajenos a su propia vida. En sus relatos, al igual que en sus novelas, late el drama de la eterna confrontación del artista con la vida real, lo mismo que ese empeño en tratar la muerte y la enfermedad como síntomas ineludibles de la vida que pugna por mantenerse y perpetuarse en una juventud eterna e inalcanzable.

Los relatos surgían como intermedio de las obras extensas; a menudo inspirados en una anécdota o en un ambiente, como ese de los balnearios en los que sus huéspedes se enamoraban perdidamente de ilusiones huyendo de una realidad apática.

El ambiguo Thomas Mann supo describir en cualquiera de estas joyas -lo mismo que Proust o Stefan Zweig- los goces y los sinsabores del enamoramiento: lo confesable y lo inconfesable de las pasiones eróticas, sublimadas en el arte o alentadas por este. Sus relatos están llenos de música y filosofía, de reflexiones sobre lo apolíneo y lo dionisiaco, sin ocultar las tendencias mórbido-románticas de su época; tras la aparente formalidad de un estilo magnífico, pulido hasta el extremo, se esconden un sinfín de símbolos y detalles que sugieren profundas reflexiones; es una literatura densa, introspectiva, irónica y trágica, tanto como el mundo interior de aquel artista de insuperable talento que fue Thomas Mann.

Las traducciones, la mayoría ya conocidas, son de altura, así que la fidelidad a los textos originales está asegurada, lo mismo que el disfrute de la elegante y minuciosa prosa del novelista de Lübeck en estas espléndidas versiones al castellano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de junio de 2010