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Reportaje:CON MUCHO GUSTO

Pequeños placeres en plena crisis

Una empresa sueca se suma al auge de las tiendas de golosinas

Cuentan en Caramelos Paco, la tienda de golosinas más antigua de Madrid (se fundó en 1934 y ahí sigue, en el 55 de la calle de Toledo, tres generaciones después e indiferente al paso del tiempo) que su fundador, Francisco Moreno, fue un pionero del marketing y la publicidad cuando decidió salir a las afueras de la ciudad con un bote de pintura para pintar en las piedras cercanas a la carretera el nombre de su negocio. Cuentan también que este rudimentario anuncio acabó apareciendo por error en una película de romanos que se rodó en los sesenta en la ciudad.

Mucho ha llovido desde aquello y ahora las gominolas se promocionan como un artículo cool, importado de los países escandinavos por una empresa con nombre en lengua pigmea (pues a los pigmeos les apasionan los dulces).

Cada español consume al año unos 2,5 kilos de caramelos

La nueva oferta incluye gominolas muy ácidas y 'chuches' sanas

Hablamos de Oomuombo (en pigmeo significa colmena), que en casi año y medio de existencia ya ha abierto tres tiendas en Madrid (Fuencarral, 27; Alcalá, 129, y Núñez de Balboa, 28) y una en Alcalá de Henares (Mayor, 76). Si en la longeva Caramelos Paco resulta difícil posar la vista en algún lugar que no esté tomado por el festival de piruletas gigantes, fabulosas tartas de nubes, o dulces con forma de tiernos animalitos, las tiendas de Oomuombo optan por una decoración minimalista, en sobrio blanco y líneas sencillas, en la que destacan, como una explosión de color, las gominolas, de indescifrable nombre sueco y un fuerte y dulce olor. Una nueva forma de hacer las cosas. Los productos estrella son los regalices salados (como el Kanderade häxvral, o Hechizo, relleno de sirope) o las gominolas ultraácidas (como el Sura skallar, con forma de amenazante calavera). También los chocolates. La tienda ofrece brochetas o ramos de gominolas, centros de mesa o cuencos de porcelana rellenos de dulces.

El producto es importado de Suecia por iniciativa de la propietaria de la empresa Caroline Svensson, sueca afincada en España hace 30 años. "En mis viajes a mi país natal traía kilos de chucherías que luego se comían mis amigos españoles, a los que supuestamente no les gustaban los dulces, así que decidí comercializarlas aquí. En Suecia hay una fuerte tradición y tal variedad, que hasta puedes conocer a una persona por el tipo de chuchería que come", bromea Svensson.

Porque disfrutar de estos sabores es una cosa muy seria (hasta las tapas más modernas llevan ahora peta zetas, esos caramelos carbonatados y efervescentes que sirven de adorno), la empresa se dirige a un público mayormente adulto. No en vano el eslogan reza Good sweets for big children ("Buenos dulces para niños grandes").

En cada caramelero un código de colores indica a qué especialidad pertenece el dulce (gelatina, toffee, espuma... hasta 15 especialidades y 180 modelos diferentes) y otros iconos advierten a los alérgicos al gluten, los lácteos, la soja o la avellana. Hacer de las chuches algo saludable, y acabar con cierta mala fama del producto, es una preocupación del sector: los productos de Oomuombo están libres de grasas trans, no están manipulados genéticamente y contienen colorantes naturales. También en Caramelos Paco, cuya producción es propia, ofrecen chuches sin azúcar o gluten. La empresa Migueláñez, una de las grandes del sector, que inunda centros comerciales, quioscos, tiendas de alimentación y gasolineras con sus bolsas de gominolas y sus Jellypacks, aptos para colocar en el portavasos del coche, además de lo anterior produce caramelos con vitamina C o un 25% de zumo de fruta. Que también puede uno disfrutar cuidándose.

En estas tiendas, el goteo de clientes es constante: el consumo de gominolas es un buen consuelo con el que endulzar los amargores cotidianos de la crisis. Según la empresa británica Cadbury, el negocio de la confitería en España sumó un 1,2% más el año pasado que en 2008. Cada español consume alrededor de 2,5 kilos de chucherías al año, informa Caychi, la asociación de fabricantes de caramelos y chicles. "La gente aún puede permitirse pequeños placeres como comprar chucherías para ver una peli en casa", dice Alberto Aguiño, de Migueláñez, "el nuestro es un producto de bajo precio, y por eso resistimos bien la crisis".

Y para que nadie tenga excusa para no disfrutar de los dulces, hace tres años nació Telechicle (www.telechicle.es), una página web dedicada a la distribución de chucherías a domicilio. Mediante el interfaz de la web o por teléfono es posible encargar cajas enteras de chicles, gominolas o caramelos y recibirlas en dos días en cualquier lugar de Europa. "Es completamente diferente la experiencia de abrir la caja de fábrica, hasta el mensajero sabe lo que lleva por el olor delicioso que desprende. Es la sensación que el fabricante busca ofrecer", dice Alejandra de Labra, responsable del negocio que ya ha abierto su primera tienda física en Tres Cantos (Isaac Newton, 2). De Labra resume así los cambios que se producen en el mercado: "Ahora los más jóvenes se gastan el dinero en el móvil, y los niños de antes, que son jóvenes adultos, siguen consumiendo golosinas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de mayo de 2010