Columna
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Les Corts, el origen del descrédito

La crisis de las instituciones valencianas, la merma de la credibilidad de los cargos públicos, y el deterioro de los principios democráticos en la Comunidad Valenciana tienen un origen que pasa desapercibido: las Cortes, la actividad parlamentaria, el control al Consell y el funcionamiento de los órganos de dirección de la Cámara.

Es evidente que un cargo público de cualquier Gobierno puede sentirse tentado a franquear los límites de sus potestades si no se siente fiscalizado por la asamblea que le encomendó la responsabilidad de gobernar. Cuando se extiende la sensación de que las funciones de control al Gobierno están restringidas, paralizadas o adulteradas por los órganos de dirección de la Cámara de representación, en la práctica se está alentando la comisión de abusos e irregularidades como los que ahora están aflorando en la mayoría de los departamentos del Consell y en muchas entidades públicas, como RTVV.

El deterioro de la situación política e institucional es grave e intolerable, pero lo es aún más que cargos públicos encubran a su propio partido desde la dirección de las Cortes, o que miembros de la Mesa se encubran a sí mismos dificultando la fiscalización de su anterior gestión en departamentos del Consell.

Es lo que está ocurriendo en el ámbito del funcionamiento interno del Parlamento y sus órganos de dirección, donde la utilización de la Mesa y sus funciones por parte del PP para beneficiar su propia estrategia política es un hecho que una sociedad moderna y avanzada como la nuestra no debe consentir. No es un problema menor. Estamos ante actitudes que comportan la pérdida de respeto a la institución de aquellos que deberían dar cuenta de sus actos ante la representación popular, y no lo hacen. Las Cortes hoy no infunden ningún respeto porque sus reglamentos son papel mojado, el presidente y los consejeros pueden eludir sus comparecencias sin ni siquiera justificarlo, las preguntas quedan sistemáticamente sin respuesta, las tácticas evasivas suelen ser burlescas, las sentencias judiciales se incumplen, los departamentos del Consell pueden negar documentación a los diputados sin ninguna consecuencia, los periodos de sesiones son ficticios, la actividad es la mínima, y el hemiciclo ha quedado impunemente reducido a una simple plataforma de confrontación contra el Gobierno de España, donde las únicas iniciativas que prosperan son órdagos partidistas y soflamas panfletarias sin ningún efecto práctico.

El partido mayoritario emplea su mayoría absoluta para acomodar el funcionamiento interno del Parlamento a su estrategia política, con lo que a partir de ahí todo el sistema queda trastocado. Es el origen del descrédito, de los abusos, de la corrupción y de las arbitrariedades. Los órganos que en teoría deberían garantizar la objetividad y el funcionamiento de los procedimientos parlamentarios, entran en el juego político, amparan actitudes escurridizas del Consell, encubren actos sospechosos, y protegen a sus responsables. La Presidencia y la Mesa de las Cortes deberían desarrollar sus funciones en clave de imparcialidad y respeto a la institución y velar por el buen cumplimiento de los procedimientos mediante los que se desarrolla el debate político. Sin embargo, el PP ha utilizado su presencia mayoritaria en este órgano para reforzar su posición política y ordenar el trabajo del Parlamento y el orden del día en función de sus intereses. Tenemos una Mesa de las Cortes al servicio del partido mayoritario, y unos órganos de dirección en teoría imparciales que están interviniendo en el debate político al sesgar o impedir toda iniciativa que no convenga al PP.

Es mi obligación alertar de que se están cometiendo graves abusos que deberían tener una respuesta contundente de la sociedad, al margen de posicionamientos ideológicos, a fin de preservar la salud democrática y la dignidad de nuestras instituciones, y sobre todo las funciones propias de un Parlamento como garantía de buen funcionamiento del resto de instituciones, cuya composición surge precisamente del Parlamento.

Isabel Escudero es vicepresidenta segunda de las Cortes Valencianas.

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