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El volcán islandés cancela 156 vuelos

Centenares de viajeros esperan horas en L'Altet y Manises llenos de incertidumbre

Las horas pasan muy lentas en la larga cola de información. Los semblantes de los viajeros reflejan incertidumbre y resignación. La nube de ceniza tras la erupción de un volcán en Islandia causó ayer la cancelación de 127 vuelos en el aeropuerto de L'Altet y de 29 en el de Manises. Las rutas con el Reino Unido son las más afectadas, sobre todo en el aeropuerto alicantino, donde 78 de los vuelos cancelados tenían origen o destino en las islas británicas. Pero la lista de países afectados es mucho más larga.

En las colas se reproducían las dudas sobre los derechos, sobre todo económicos, de los pasajeros, que tienen que dormir, comer y trasladarse con su dinero tras cancelarse sus vuelos. La Comisión Europea insistió en que los afectados pueden elegir entre el reembolso de sus billetes o continuar con el viaje, igual que tienen derecho a que las aerolíneas con las que tenían contratado el vuelo les costeen el alojamiento o las comidas y bebidas que consuman tras la citada cancelación.

María y Beatriz, dos tinerfeñas de 25 años, llegaron el jueves a L'Altet con destino a Suecia. Su vuelo se canceló y las reubicaron ayer a las 19.50. Tampoco salió. Y tras una primera noche en un hostal de la zona "lleno de gente como nosotras", fueron informadas de que no volarían a Suecia al menos hasta el 23 o el 24. Descartado el viaje, optaron por pasar la noche en la ciudad de Alicante y viajar hoy a Madrid.

Para muchos viajeros, la situación parecía complicarse por momentos. Patricia y John, de Devon, se desplazaron el jueves en tren con sus dos hijos desde Valencia, donde se anuló su vuelo a Bournemouth. Gastaron 120 euros en un hotel. A las 14.00 de ayer llevaban dos horas haciendo cola pacientemente. Escucharon que la situación puede prolongarse cinco días más. "Nos gusta España, pero es hora de volver a casa", comentaba John. Se quejaban de la escasa plantilla que hay para informar.

En los aeropuertos valencianos ayer no se produjeron gritos ni cabreos encendidos, sólo brazos cruzados que revelaban una cierta sensación de desamparo. Los remedios alternativos a los vuelos, además, resultaban casi peores que la propia enfermedad. La mayoría de las empresas de alquiler de vehículos que operan en Manises no permite devoluciones fuera de España. Las multinacionales que lo admiten, las pocas, cobran, por dos días, más de 1.500 euros, gasolina aparte. En cuanto al ferrocarril, Valencia no ofrecía trenes directos a París (a hora y media de Bruselas) ni ayer, ni hoy, ni mañana, ni pasado...

Dedoyard Jacques, que vive en Bruselas, había pasado unos en días en Valencia junto a su mujer e hijos. A llegar a Manises descubrió que su vuelo estaba suspendido. "El próximo que nos ofrece la compañía es el martes y yo trabajo el lunes, es un gran problema", contaba, "además, otra opción, como ir en coche de alquiler es muy cara".

Teresa Crea vive en el norte de Francia y se desplazó a Valencia para ver a su familia. Fue a Frankfort a tomar el avión dado que le salía más barato, pero a la vuelta las cenizas del volcán la han dejado en tierra. "Trabajo el domingo y no llego", comentaba. Ayer se decantó por un coche de alquiler para volver a casa de la familia, en Ayora. "Hemos llamado antes de venir", explicaba "y la compañía no nos ha confirmado que el vuelo estuviera cancelado. En Frankfort, sin embargo, sí lo estaba, que lo hemos mirado".

Otros, ayer, ya habían hecho tarde en el trabajo. Un ciudadano residente en Suecia explicaba malhumorado en L'Altet que ya tenía que estar de vuelta en su puesto. Confiaba en la comprensión de sus superiores. Su vuelo del jueves fue cancelado y tuvo que regresar con su acompañante a Torrevieja, donde ha estado unos días de vacaciones, y pagarse el transporte y una noche de hotel. Total: casi 120 euros extra más gastados y lo más importante, un día de trabajo perdido. Las horas de espera se acumulan: el jueves fueron cuatro y a primeras horas de la tarde de ayer ya acumulaba dos más a la espera de recibir una confirmación de un vuelo que inicialmente estaba previsto para las 19.00. Este ciudadano reclamaba más personal en atención al viajero. "Es un caso urgente".

La escasez de personal encargado de informar a los viajeros era ayer, en L'Altet, la queja más repetida por los viajeros preguntados. "Deberían haber utilizado la tecnología para informar a los pasajeros de que se canceló su vuelo", comentaba Óscar Ocampa, un ciudadano de origen colombiano y residente en Alicante que esperaba en la cola tras sufrir la cancelación de su vuelo a Estocolmo. Junto a él, otra compatriota residente en Suecia, Maite Piedrahita incidía en que debería haber "más gente atendiendo" al público.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de abril de 2010