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Reportaje:

El Racing se asoma al abismo

El equipo ferrolano pelea por evitar el descenso a Tercera División

Orgulloso de una historia nonagenaria, el Racing de Ferrol exhibe en su sede de A Malata una galería de imágenes que evoca recuerdos de grandes tardes de fútbol, de épica en el Inferniño y 34 temporadas en Segunda División. El Teresa Herrera ganado en 1967, en una suerte de desafío ciudadano, a Deportivo, Celta y Pontevedra, y el trofeo de subcampeón de Copa, logrado tras perder la final contra el Sevilla al poco de finalizar la Guerra Civil, presiden los altares verdes. Casi cualquier tiempo pasado fue mejor que el actual porque el Racing está en puestos de descenso a Tercera, categoría en la que no juega desde 1992.

"Hice un equipo para ser campeón y subir a Segunda División y resulta que estoy penúltimo", resume Isidro Silveira, presidente del club, que puestos a buscar culpables apunta a sí mismo. "Yo soy el que monté esta historia, el que elige y firma a jugadores y entrenadores. Y además me encanta, esa es la realidad. No podría aportar dinero y ser un espectador". En esa tesitura donde la presidencia y la secretaría técnica se confunden, Silveira aporta una lectura que entronca los males presentes con las decisiones tomadas en verano. "Me suelo equivocar en un 30% de los fichajes. Si ficho a diez, siete me salen buenos, pero aún fallando en el 80% no teníamos que estar donde estamos".

"Hice un equipo para subir a Segunda y estoy en puesto de descenso"

El club trabaja con 300 niños pero apenas van 2.000 personas al campo

Silveira, un empresario del naval que llegó a tener a mil trabajadores a su cargo, tiende a utilizar la primera persona cuando habla del Racing. "Al final, cuando llevas tantos años, tiendes a pensar que el club es tuyo y no es así", reflexiona. No hay muchos en su situación que reparen en ello. El máximo accionista del Racing es el Concello de Ferrol, pero Silveira está acostumbrado a cuadrar cuentas con su bolsillo y suma 16 años en el sillón presidencial, siempre con un estilo que unos tachan de intervencionista y que él defiende como norma. "Llevo el club como cualquiera de mis empresas y si en ellas participo del día a día con los encargados, en el fútbol es igual porque además me gusta".

Al menos sabe lo que es calzarse unas botas de tacos: fue un mediocentro que tocó su techo deportivo en el Celta, donde por otra parte no alcanzó la gloria. "Era cerebral, no me gustaba correr", apunta. Dice que ahora también le da mucho a la cabeza. "Pienso y repaso mucho las cosas, me despierto por las noches pensando en el Racing y no lo entiendo: esta temporada es una pesadilla, un mal sueño".

Por el camino hubo algún giro. Seis derrotas y cuatro empates en los doce primeros partidos acabaron con los hermanos Veiga. Llegó Luisito, un agitador que no escatima arengas y se define como "un ganador nato que jamás sale a empatar". Debutó con un triunfo en el feudo del Lugo, pero el equipo no acabó de levantarse, no ha ganado tres partidos seguidos. "Llevo 26 años en el fútbol y nunca he sufrido tanto como ahora", reconoce el técnico. Y trata de identificar las causas que tienen al equipo lindando con el abismo. "Al final el fútbol es de los futbolistas y ellos están presionados porque iban a estar arriba y se ven abajo. Se entregan al 200%, pero tienen miedo al fracaso, necesitan liberarse y jugar al menos la mitad de como entrenan. El gran problema es la cabeza, la autoconfianza, porque ningún equipo es superior al nuestro y trabajamos como condenados".

Para Silveira el grupo que capitanea Luisito está plagado de "buenos chicos poco agresivos". Pero mientras se llama a la fiereza, se lamentan lesiones y apenas hay alusiones a la pelota, el Racing se va al pozo. Por más que duela en Ferrol, subyace una dolorosa indiferencia. Al campo apenas acuden 2.000 aficionados, a pesar de que el club trabaja con más de 300 niños. "Ni siquiera el 5% de los padres de esos chicos son socios de la entidad y eso que meten en la lavadora de sus casas nuestra camiseta", lamenta Silveira, que no hace mucho ordenó que ningún pequeño entrenase con una zamarra que no fuera la del Racing.

Quizás le rodean futboleros de paladar fino. El racinguismo convive con varias peñas del Real Madrid y el Barcelona y en los mejores tiempos del Deportivo se llegaron a contabilizar más de 1.500 socios blanquiazules en Ferrolterra. "El Dépor nos hizo mucho daño. Muchas veces pongo a parir a Lendoiro, pero son razones de negocio, más que personales", zanja Silveira. Hay detalles en la gestión deportiva que le alejan del presidente deportivista. En realidad de casi todos porque el Racing no tiene deudas y paga al día. "El sueldo de la gente y el dinero de los demás es sagrado. Nosotros jugamos en la Liga real, los que hacen fraude son los otros", incide.

Ni siquiera por ahí se explica que el Racing tenga que pelear durante el próximo mes por salvarse de un descenso. Silveira no valora la opción de abandonar: "Nunca lo haría con el equipo en Tercera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de marzo de 2010