Columna
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Un parado ante un modelo

Vestido, acorazado con su modelo, el economista sale a la calle. Como el Pasenow de Los sonámbulos, camina seguro. Luce el último modelo económico made in USA. Le bastaron unos hábiles retoques para adaptarlo a España y que nadie dude de que sentará a los parados de maravilla. La prueba es que con parecido traje hubo quien se hizo de oro y hasta ganó el Nobel. Y las empresas, los think tanks, no pagan por lo no rentable. Sí, hay modelos muy productivos.

Son modelos basados en la economía neoclásica, en la racionalidad de ese psicópata llamado Homo economicus, llave que permite acceder a los misterios del comportamiento humano, la que nos dice que el trabajador elige trabajar o no, sin coacciones, sin miedo a no comer o pagar la hipoteca. En una palabra, decide. Como ciudadano libre. Obviedades que debemos recordar a los que todavía afirman que hay quien desea trabajar y no puede. Para esos también tienen respuesta el economista y sus modelos.

"Trabajando más horas por menos y apretando más tornillos, un español es... menos productivo"

Son modelos que dicen que los trabajadores más productivos trabajan y ganan más ¿o no? Por ejemplo, un trabajador español con el mismo equipo que un alemán, trabajando más horas por menos dinero y apretando más tornillos es... menos productivo. ¿Y eso cómo puede ser? pregunta el parado, ¡si al final de la jornada el español ha producido más! Bueno, no es fácil de explicar, pero está claro que el español debe ganar menos o irse a la calle. ¡Lo dice el modelo! Y si no, haber nacido alemán.

Dicen que dice el modelo que millones de parados no saben o no quieren buscar los empleos vacantes ¿Cuántos hay, dónde? Pregunta el parado. Bueno, le dicen, el modelo no deja muy claro donde están. Pero le aseguro que vacantes haylas. ¡Dígame dónde y voy! No, que si se lo digo se me acostumbra mal, busque, busque intensamente. Ya busco, ya, pero llevo más de doscientos CV y me empiezo a cansar. ¿Lo ve? ¡Se cansa muy pronto! Ha de tener paciencia y mirar con fe, las vacantes son como el gato de Shrödinger, ese gato que si no lo mira, no está allí, pero si lo mira, ¡sí está! Ay, la economía cuántica, esa gran incomprendida. Lo dijo Berkeley ¡esse est percipi! Haga caso, mire bien y verá aparecer la vacante ante sus narices. Oiga insiste el parado ¿y si las vacantes nos buscaran a nosotros? ¿Qué dice su modelo de la intensidad de búsqueda de los empleadores? Bueno, no mucho, pero estamos en ello sabe ¿Sí? ¡O sea que pronto se acabará el paro! No exactamente, porque están los lags, los costes de ajuste y hay que despedir hoy para contratar mañana, ya sabe, quien algo quiere..., pero no se preocupe, una vez los parados sean más flexibles, ganaremos todos. Ya... ya, lo veo claro, ¿y dice más su modelo? Sí, algo que seguro entenderá: dice que si hay un shock de demanda, exógeno que son los mejores, usted no tendrá problemas. Es como que si de repente muy de repente alguien lo contrata, usted trabajará, ¿no es una idea brillante? Ya lo creo, y si esos shocks se pudieran fabricar... Tanto como eso no, pues entonces ya no serían shocks ni nada, pero los hubo y los habrá, no se preocupe. Usted mientras aproveche para ser más flexible, aprenda informática, inglés, chino. Oiga, interrumpe el parado ¡que en mi pueblo han echado a la calle a un montón de ingenieros y dice el Fraudential Times que en Estados Unidos la cosa pinta cruda para los titulados superiores! Además, eso que dice ya lo he hecho, tengo dos carreras, años de experiencia, pero si ven que sabes mucho desconfían, ¿qué hago? ¡Haga como yo, arriésguese, estamos en la sociedad del riesgo!, ¡hágase registrador de la propiedad, catedrático, elija, decida, depende de usted, todo eso lo explico en un libro! Pero disculpe, tengo que dejarle. Debo terminar un modelo en el que pruebo que si los parados españoles hacen como los chinos nos irá muchísimo mejor y ya no harán falta más reformas. ¡Seré el Fukuyama de la economía!

Y nuestro Pasenow, con su modelo de uniforme, avanza decidido, pues como escribiera H. Broch "el uniforme proporciona a quien lo lleva una delimitación muy clara entre su persona y el mundo. A quien por la mañana se abrocha su uniforme hasta el último botón, se le da realmente una segunda y densa piel. Encerrado en su rígida funda, la inseguridad de la vida, la vida misma se aleja". Y en esa insegura vida se quedan los parados y los ocupados, precariedad y abusos, opulencia y miseria en perfecto equilibrio, tantas cosas que no caben en los modelos elaborados por sonámbulos de uniforme. Seguimos esperando a Godot.

M. Pérez Sancho es profesor de la Facultad de Economía de la Universitat de València.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 17 de marzo de 2010.

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