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Reportaje:

Mitad basura, mitad maravilla

Eduardo Galeano reivindica la compleja igualdad entre hombres y mujeres

Eduardo Galeano da coscorrones a base de discursos. "Las mujeres son iguales que los hombres: mitad basura, mitad maravilla. Mitad cielo, mitad infierno. Es el oficio terrestre". Y está dispuesto a hablar de todo. "Menos de la vida sexual de los pingüinos". Aunque de eso, dice, también sabe.

El intelectual uruguayo vino ayer a Sevilla a clausurar un seminario de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) sobre los asesinatos en Ciudad Juárez (México). Pero ya que estaba, arremetió contra el capitalismo, el racismo, la violencia y la injusticia social. "Reivindicamos la igualdad, pero no creo que las mujeres sean mejores que los hombres; ni los negros que los blancos; ni los indios que los conquistadores".

"Si el hombre pudiese tener hijos, el aborto existiría desde el Neolítico"

El autor de Las venas abiertas de América Latina contó ayer que sus amigos le piden que deje ya de dar charlas sobre el sexo femenino. Pero le gusta dar "pantallazos" de la historia sobre personajes, en principio, menos universales. Así descubrió siendo un niño a Concepción Arenal, la primera gallega públicamente feminista, en el rótulo de una calle de su Montevideo natal. Una mujer que estudió derecho en el siglo XIX disfrazada de hombre. "No sé cuánta gente la conocerá aquí".

Una persona que, en su opinión, sentó un precedente por el que la mentalidad española ha ido ampliando miras. Galeano recordó ayer su última visita a Andalucía antes de que Franco muriese. La reacción de unas amigas al escuchar un programa sobre el orgasmo en la radio fue preguntarse: "¿quién será ese señor Orgasmo?".

La reforma de la Ley del Aborto es uno de esos cambios, según Galeano. Pero no le resulta una medida tan moderna como consideran los sectores más progresistas, ni tan preocupante como perciben desde la derecha. "Aquí hay mucha ignorancia. En 1853, Nicaragua ya aprobó su derecho al aborto cuando gobernaba un partido conservador, aunque luego lo abolieron los sandinistas".

Para el autor de El libro de los abrazos, la nueva normativa que regula la interrupción del embarazo implica una opción. "No obliga". Y a continuación golpeó con su mazo verbal al género masculino: "Si el hombre pudiese tener hijos, el aborto existiría desde el Neolítico. Tiene que asentarse la convicción de que la mujer es dueña de su cuerpo".

El ex periodista advirtió de que la discriminación no se ha superado. "Se han ganado batallas importantes, pero el mundo sigue estando muy marcado por las tendencias machistas, militaristas y racistas". Un problema que, a ojos de Galeano, ha aumentado con la actual situación económica. "La riqueza y la pobreza son siempre dependientes y la prosperidad del Norte sólo se entiende por la discriminación del Sur".

Alertó ayer de la debacle que está generando el desempleo masivo en los países del Norte. "La crisis ha provocado la resurrección del racismo en sus formas más agresivas". Un panorama que, dijo, le suena "a tiempos que creíamos enterrados". Galeano cree que mientras eso ocurre entre los trabajadores, la economía de mercado es puro capitalismo.

"Es un sistema gobernado por las altas finanzas que cada vez se parecen más a un casino: gana el que especula más o el que soborna mejor".

Por eso, hace décadas que se fue a vivir a su ciudad de nacimiento, Montevideo. Atento a los cambios que se producen en Latinoamérica, percibe "un renacimiento" en países como Bolivia o Uruguay. "Una refundación" que cree que se irá extendiendo por el continente. "Los cambios verdaderos se producen lentamente. La historia es una señora de digestión lenta".

Mientras los cambios se suceden, el pensador reivindica en cada frase la diferencia entre Norte y Sur. "Los países que integran Latinoamérica nacieron mentidos y mintiendo". En cambio, Estados Unidos tuvo "todo a su favor" en el momento de su gestación. Y para muestra, un clásico de Galeano, ofrecer un dato histórico para ilustrar su opinión. "La primera Constitución norteamericana decía que un negro equivalía a tres cuartas partes de una persona". Por eso, pide paciencia. Insiste en la transformación lenta. "Mirad ahora: por fin ese país está gobernado por un presidente negro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de marzo de 2010