Entrevista:MOSHE BERKOVICH | Doble campeón de Europa con el Maccabi

"Tuve instinto asesino: nunca dudaba"

Moshe Miki Berkovich (Kfar Sava, Israel; 1954) ganó dos Copas de Europa de baloncesto, 19 Ligas y 17 Copas con el Maccabi de Tel Aviv, además de la plata europea con Israel en 1979. Pocos jugadores establecieron su leyenda de forma más individual: Berkovich, uno de los 50 mejores de siempre para la FIBA, labró su fama de lanzamiento en lanzamiento, convertido en un tirador infalible. Un día quiso irse a la NBA. El Maccabi no le dejó. Él recurrió a la justicia. "Miki, sigo tu carrera", le dijo el juez, según la leyenda; "aquí eres una superestrella. Allí serás uno más. No puedo dejar que te vayas, pero sí ordenar que te doblen el sueldo". Berkovich es patrimonio de Israel y del Maccabi, que se juega el primer puesto del Grupo F, lo que da la ventaja de campo en los cuartos de final de la Euroliga y probablemente evitar al todopoderoso Barcelona, mañana contra el Madrid.

"Ahora, los jugadores van por el dinero. Antes, la lealtad al club iba primero"
"Sólo me faltó la NBA. Mi club no me dejó ir. Me entrené allí: sangre, ampollas..."
"El Madrid es un equipo decepcionante, poco inteligente, pero con un gran técnico"

Pregunta. ¿Cómo habría sido Berkovich en la NBA?

Respuesta. Fui a entrenarme allí en verano. Fue tan duro que después de dos días tenía ampollas en los pies, además de sangre. Eran cinco o seis horas diarias jugando, corriendo y entrenándome. Luchando con los demás. Todos los jugadores sentían que era la oportunidad de sus vidas. Yo lo conseguí. Me querían contratar. De 20 que empezamos se quedaron con tres el último día. El Maccabi no me dejó. Me gusta pensar que llegué a la NBA, pero que no jugué. Pude ir a Atlanta y Nueva Jersey. Era mi sueño. Si miro hacia atrás, lo único que me ha faltado es la NBA. Lo demás lo conseguí todo.

P. ¿Qué piensa cuando se cruza con los jugadores de su época?

R. Hay una frase muy antigua: "Si cuidas de tu cuerpo, tu cuerpo cuidará de ti". Yo no sólo jugaba al baloncesto. Corría. Levantaba pesas. Saltaba. Luchaba. Cuando todos iban a ducharse, yo me iba a correr las escaleras de arriba abajo. Cuando todos se iban a ver la tele, yo me quedaba tirando. No tenía sólo talento. También fui un trabajador muy duro. Ahora sigo yendo tres días a la semana al gimnasio. No diré nombres, pero algunos ex jugadores... Si fuman, beben y no se entrenan, se ponen gordos. Eso no es sano. Yo me cuidaba entonces y me cuido ahora.

P. ¿El tirador nace o se hace?

R. Al principio, fui un gran anotador, rapidísimo en la pista, un penetrador que se lanzaba hacia la canasta, pero no tenía un buen tiro. Para nada. Entre los 20 y los 22 años mejoré técnicamente. Fueron horas y horas con un asistente. Algo duro. Tenía el instinto asesino. Cuando le sumé un buen tiro exterior, sólo podía ganar.

P. ¿Por qué tuvo tanto éxito en los tiros decisivos?

R. Por habilidad y fuerza mental. Hay que tenerlo en la cabeza. Gané un par de partidos encestando el último tiro y, de repente, todos mis compañeros dijeron: "El último tiro tiene que ser para Miki". Implica mucha confianza en uno mismo. Se convirtió en un hábito: la última pelota en mis manos y yo teniendo que tomar una decisión. Tiraba sin dudar.

P. ¿Cómo se prepara eso?

R. Se lleva dentro. Me preparé como un profesional: sabía que si alguien tenía que hacer ese tiro, tomar esa decisión, ése era yo, ése era Miki. Por suerte, encesté la mayoría. Un secreto: fallé algunos y nadie se acuerda.

P. Metió el tiro decisivo de la final de la Copa de Europa de 1981 a pase de Moti Aroesti: Maccabi, 80; Bolonia, 79.

R. Moti es mi hermano, el mejor amigo de mi vida. Somos felices juntos. Siempre compartimos habitación en las concentraciones. Hablábamos mucho...

P. ¿Cómo se le marcaba?

R. Siempre ponían sobre mí al mejor defensor. Nunca tuve una vida fácil. Tuve que sufrir, que luchar, que aguantar la presión. Era duro. A veces me lograron parar. El Milan tenía al defensor más duro: no recuerdo su nombre.

P. Su Maccabi se la juega ahora contra el Madrid.

R. El Madrid es uno de los clubes más grandes de todos los tiempos. Me decepcionó en Tel Aviv. Esperaba más de sus jugadores, del equipo. Tienen muchos buenos por dentro, por fuera..., pero no juegan inteligentemente. Me decepcionó mucho. Pueden jugar mejor. Tienen un gran entrenador, Ettore Messina, con mucha experiencia, muchas finales... Pero les falta algo. No sé qué, pero les falta. Decepcionante.

P. Así que no le recordó al Madrid que conoció como jugador.

R. Era un Madrid muy diferente. Igual que el Maccabi. Los jugadores principales eran del país: Corbalán, Ramos... La mayoría, extranjeros y locales, estaban años en el club. Ahora la mayoría son extranjeros y no se quedan mucho. Van a por el dinero. Es otra personalidad y otro sistema. Yo prefiero el de mi generación. Primero, lealtad al club. Luego, el dinero.

P. Los líderes son los mejor pagados. ¿Qué deben tener?

R. Tienen que ser personas serias, en las que puedas confiar y apoyarte. Deben luchar en cada partido y cada noche para ganar. La mayoría de los jugadores tienen talento. Lo principal para ser un líder, sin embargo, es ser fuerte mentalmente, no sentirte bajo presión, ser inteligente y tomar la decisión adecuada en el momento adecuado. En la Euroliga, la mayoría de los jugadores pueden saltar, machacar el aro..., pero no veo que todos ellos sean inteligentes.

P. ¿Qué le pide a la vida?

R. Nací en Israel. Mis padres vinieron de Rumania en los años 40, huyendo de los alemanes y los rusos... Gracias a Dios, todos mis sueños en la vida y el baloncesto se hicieron realidad, menos ir a la NBA. Soy feliz, un hombre de negocios. Mis hijos juegan al baloncesto. Tengo nietos. ¿Qué más puedo pedir? Salud y nada más.

Berkovich lanza a canasta ante la mirada de Brabender.
Berkovich lanza a canasta ante la mirada de Brabender.DIARIO AS

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