Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

"Cada hombre es una aventura"

Isabel-Clara Simó retrata en 'Homes' a un varón víctima, al igual que la mujer, de prejuicios alimentados por la religión y el ejército

Isabel-Clara Simón no pretende lanzar mensajes con sus libros, pero en, Homes (Bromera, 2010), como en todos los demás, flota el de la relativización del bien y del mal: "No hay ni hombres buenos ni hombres perversos. Hay hombres empujados a hacer una bestialidad igual que mujeres empujadas a hacer otra bestialidad, que es la sumisión". Simó (Alcoi, 1943) huye de estereotipos. Y por ello cree que hay una vía de encuentro: "Con una educación más igualitaria y humanista... no tenemos que ser tan posesivos vosotros ni tan estúpidas nosotras".

Su libro está lleno de varones inexistentes, que son un compendio de muchos. "Por decirlo a lo bestia, yo paso la minipimer por la realidad, son trozos de realidad pero no una copia de la realidad".

"Los roles son equiparables y la atracción sexual también"

"A los hombres se les dice que no han de llorar y ser valientes"

La escritora sostiene un discurso denso, rico y disperso que lo mismo abomina de los frikis de los programas del corazón, cuestiona los ataques del Papa contra el preservativo o aborda las consecuencias de la caída del muro de Berlín -"como ya no hay comunismo, el capitalismo salvaje se dispara al máximo... y tonto el que no robe, desde Félix Millet hasta Francisco Camps"-. Pero cuando se trata de machismo tiene claro el origen: "Lo que todos los hombres tienen en común es aquello que denomino la cultura del patio de escuela, donde a todos se les enseña que no se ha de llorar, que han de ser valientes, que han de ser protectores, es decir, aquellas estupideces que nos hemos inventado para hacer del hombre un animal sexual".

Tampoco pretende realizar un retrato robot. "Cada hombre es una aventura y un proyecto". Así, la autora reconoce que algunos han superado algunos ítems que parecían insuperables, aunque también critica que no sepan coser un botón de la misma manera que le molesta que las mujeres no sepan hacer la declaración de la renta.

Ante la pregunta de si la autosuficiencia lleva al desencuentro entre el hombre y la mujer, duda. "Ese es el gran interrogante, si nos hacemos falta los unos a los otros fuera del sexo. Y si realmente hay roles diferentes. Estas preguntas no tienen respuestas. Mi respuesta provisional sería que los roles son equiparables y la atracción sexual también".

¿Ha mejorado la situación desde Dones (1997)? "Desgraciadamente ha habido una involución. Las chicas de tres a 15 años vuelven a hablar de princesas, les vuelve a gustar el color rosa y vuelven a decir que el día de la boda es el más feliz de una mujer, y eso me duele muchísimo". Además, Simó, doctora en Filología Románica, se queja de que ahora el feminismo está más en las aulas y en la biblioteca que en la calle. ¿La culpa? Aunque ve a la religión y al ejército como "los grandes alimentadores de los prejuicios y el machismo" cree que no hay culpables. Eso sí, "ha habido un bandazo hacia la derecha y ha aumentado el racismo, el sexismo, la homofobia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de marzo de 2010