Entrevista:CINE

Reina (madre) del 'indie'

Jeff Bridges es adivino. "Voy a trabajar contigo", le dijo a Maggie Gyllenhaal cuando coincidieron en el estreno de La sonrisa de Mona Lisa. Siete años después, ambos aspiran la madrugada del lunes al Oscar por Corazón rebelde. "Trabajar con alguien así te cambia el juego", sorprende la actriz, poco dada a dorar la píldora.

Con 32 años y casada con el actor Peter Sarsgaard, Gyllenhaal es una verdadera nativa de Hollywood: su padre es director; su madre, guionista, y su hermano, Jake, actor y estrella. Por eso evita el peloteo fácil y llama a las cosas por su nombre. Como cuando habla de Oliver Stone: "Cuando trabajé con él [en World Trade Center] no se cortó un pelo a la hora de decirme que yo lo hacía todo mal", recuerda. El resto de los mortales, en cambio, no parece pensar lo mismo. Gyllenhaal es considerada algo así como la nueva voz de Hollywood. Alguien cerebral, inconformista y capaz de interpretaciones transgresoras con credibilidad indie (La secretaria, 2002; SherryBaby, 2005) o comercial (El caballero oscuro, 2008). "La verdad es que hasta ahora en mi trabajo he sido como una máquina niveladora", dice en referencia a su fama de arrolladora. Pero ahora busca algo tranquilo. Aunque igual de bueno. "Y Jean [su personaje en Corazón rebelde, una periodista que se enamora de la estrella de country en decadencia a la que da vida Bridges] es genial. Dulce y vulnerable, pero fuerte desde su debilidad".

No es una elección arbitraria. La Gyllenhaal ha cambiado. Se formó a base de Stanislavski y Uta Hagen, los duros de la interpretación, pero ahora está casada y es madre de una niña, Ramona, y quiere cambiar el ritmo. "Hasta me empieza a gustar la música country", añade. ¿Hasta el punto, como en la película, de llevarse a una de sus estrellas a la cama? Muchas actrices lo hacen… "Los músicos tienen algo emotivo que les hace sexy", admite, coqueta. "Una vez salí con alguien que me escribió una canción. Pero no funcionó". ¿La canción o la cita? "Eso me lo callo".

Siguiendo los pasos de Emma Thompson, su estándar de calidad en lo profesional, acaba de concluir La niñera mágica y el Big Bang, su particular oda a las niñeras, de las que dice no tener muy buen recuerdo. No es una queja, asegura. Si algo cree haber aprendido la actriz de la maternidad es que una cosa es lo que se desea —"utilizar pañales de tela y darle a mi hija sólo comida orgánica"— y otra, "que la vida real te da una bofetada".

Corazón rebelde se estrena hoy en España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 05 de marzo de 2010.

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