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Reportaje:21ª jornada de Liga

El retorno de los supervivientes

Granero y Arbeloa, dos productos de una cantera olvidada, logran integrarse con éxito en el Madrid de Pellegrini

Desde que Esteban Granero jugó la Copa Danone con ocho años, en 1995, la cantera del Madrid ha vivido cambios tan recurrentes como traumáticos. El semillero ha pasado de mano en mano y casi siempre tras una crisis. Vicente del Bosque, Ramón Martínez, Míchel y otra vez Martínez se hicieron cargo de La Fábrica sucesivamente. La última vez, previo despido masivo de entrenadores. El trasiego ha sido constante y la gestión se ha visto gravemente dañada. Desde el debut de Casillas, en 1999, en el primer equipo no se ha vuelto a instalar ningún canterano. Pero en las últimas jornadas ha sucedido algo interesante. A medida que el técnico, Manuel Pellegrini, les ha dado minutos, Granero y Arbeloa han ido ofreciéndole soluciones valiosas. Martínez pone la firma: "Ellos siempre van a cumplir. Los chicos de la cantera superan muchas cribas. Están muy seleccionados".

"Me parece perfecto que el club te lo ponga difícil", dice el ex getafense

Como los salmones que remontan el río Sella, temporada tras temporada, los canteranos que llegan al final del camino son cada vez más raros. Les amenaza la contaminación, la destrucción del medio ambiente y todo tipo de depredadores. Pero siguen apareciendo. Como Granero y Arbeloa, que se pusieron la camiseta blanca de rebote el pasado verano y que ahora van camino de convertirse en jugadores importantes en el proyecto más ambicioso que afronta el Madrid en mucho tiempo.

"El club te lo pone difícil", dice Granero; "a mí me lo pusieron difícil. Pero me parece perfecto porque, si no, no te superarías y, cuando te tocase llegar al Bernabéu, no estarías preparado para quedarte muchos años. De lo contrario, estaría todo el mundo jugando en el Madrid y eso no es posible. Yo no estaba preparado para saltar del Castilla al primer equipo. Ir cedido dos años al Getafe fue fundamental".

Arbeloa, cuatro años mayor que Granero, debió emigrar al Deportivo y el Liverpool antes de regresar. Ahora, Pellegrini empieza a formar sus defensas empezando por Arbeloa. En los últimos meses se ha consolidado como el mejor lateral izquierdo del Madrid antes de hacerse con el carril derecho. Ya le disputa esa banda a Sergio Ramos, titular de la selección española.

Antonio Díaz, que fue entrenador de la cantera en la época de Arbeloa, cree que los canteranos aportan cosas que otros fichajes no pueden dar: "Primero, los canteranos ofrecen un grado de compromiso mayor. Saben lo que es el club. No son meros profesionales que se limitan a cumplir. Luego, están menos presionados. La presión que va a sufrir Canales en el primer equipo es mucho mayor que la que soporta Granero. Los que no se criaron en la casa tienen todo por descubrir. Además, los canteranos pasan por una selección tan exigente que sólo llegan al primer equipo los más inteligentes. Es la idea darwiniana de la supervivencia del más apto. Sólo llegan los que se adaptan mejor. Y el que está menos dotado técnicamente, como Álvaro, es mucho más inteligente que el futbolista medio. Sin tantos recursos como otros, es capaz de adaptarse mejor y rendir igual o más".

Granero empieza a despegar coincidiendo con el mejor momento de juego del Madrid. Su primer gol en Riazor, la asistencia del primer gol contra el Espanyol en el Bernabéu, el sábado, y algunas participaciones imprescindibles en las jugadas decisivas son la marca que ha dejado en las últimas dos jornadas.

Puede que Pellegrini viva de espaldas a la cantera, pero últimamente ha decidido dar continuidad a Granero. Su contribución es la clase de respuesta que se exige a los mejores. Por oficio, temple y resultados, ha estado por encima de alguno de sus compañeros más prestigiosos. Lo mismo que Arbeloa. Cada vez que han coincidido, el Madrid ha jugado mejor.

"Es verdad que desde Casillas no ha habido un canterano capaz de quedarse muchos años en el primer equipo", medita Granero; "a mí me gustaría seguir los pasos de Iker, Guti o Raúl. Es complicado, pero es mi objetivo. La única forma de lograrlo es ser ambicioso y querer siempre más. No hay que conformarse. Y sé que por eso no voy a fallar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de febrero de 2010